Una de las últimas tendencias en cerveza del país norteamericano (y por lo tanto en los locales modernos de aquí) es este recipiente con forma de botella mucho más alta y ancha de lo habitual y, por tanto, mayor capacidad, llamado growler. Dicen algunos rumores que el nombre viene del sonido que, supuestamente, se produce al quitar su tapón y repentinamente emanar el CO2 almacenado en su interior. De todas formas, esta vasija ya tuvo unos antecesores en la Alemania de principios de siglo pasado, con un formato un poco diferente.
Sea lo que sea, lo importante no es de donde venga su nombre, sino su utilidad... ¿Cuántas veces has pensado que de la cerveza de barril que ahora mismo estás bebiéndote en un bar te tomarías si pudieras uno o dos litros más si te los pudieras llevar a casa? Pues aquí tienes una solución, porque los growlers han sido pensados para trasladar el concepto take away más allá de la comida. Pero al igual que pasa con los alimentos frescos, tampoco podrás conservar esta cerveza más de dos o tres días.
Lo curioso de este recipiente es que ahora podrás verlo en muchos establecimientos cerveceros (aunque todavía no hemos visto a casi nadie llevarse uno a casa). Y otra cosa que se podría pensar es, ¿sabrá igual la cerveza que me sirven en vaso en el bar que la que me estoy llevando? Respondiendo a esta pregunta diríamos que es poco probable salvo que te la bebas bien pronto, pero aun así puede que conserve muchas de sus propiedades.
Las condiciones que se deben seguir a la hora de mantener una línea barril-grifo y en las que se encuentra el propio keg en un bar son bastante estrictas, aunque está claro que no siempre se cumplen... Pero hay varios tipos de sistema en cuanto a grifos y está claro que unos son mejores que otros. De hecho hay algunos especiales para rellenar este tipo de recipiente, que incluso vacían el aire con CO2 y rellenan sin crear espuma.
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¿Sabías qué...? La Lata
La lata, ¡ese gran desconocido! O al menos en España hasta el momento... No lo es tanto en Estados Unidos, donde llevan utilizando este formato de envasado para cervezas desde hace unos cuantos años. En concreto la tendencia surge en California, meca de la craft beer, donde se han posicionado claramente en el debate botella o lata.
Igual que los móviles de hoy en día ya no son del tamaño de un ladrillo, la tecnología también ha dejado huella en la industria del envasado con aluminio. Nos queda la herencia de aquel metal que podía transferir sus propiedades a la cerveza que contenía, pero hoy en día eso está muy lejos de la realidad. El aluminio actual utilizado en las latas está dotado de un revestimiento con resina que impide cualquier tipo de transferencia de sabor.
Y es que las ventajas de utilizar este tipo de envase con respecto a la botella de cristal tradicional son muchas, empezando por su ligereza y su relativa resistencia (aunque ojo, son delicadas también), que puede evitar que derrames tu bebida si accidentalmente se te escurre de las manos, y además permitirá que puedas introducir tu bien más preciado a recintos donde está prohibido el cristal.
Respecto a la conservación, además de evitar la incidencia directa de la luz sobre la cerveza, una lata se encuentra perfectamente sellada y el oxígeno no podrá causar ningún tipo de estrago. Podemos seguir con las ventajas (e inconvenientes) diciendo que, dado que el metal es mejor conductor del calor podrás enfriar más rápido tu cerveza si viene en este tipo de envase, desgraciadamente también se calentará antes.
Otra pega que tiene es que no es el recipiente ideal para cervezas que tengan una segunda fermentación en su envase, así que muchos estilos belgas (o las Real Ale inglesas), así como cervezas pensadas para madurar o envejecer, seguirá siendo preferible envasarlos en botella. Bueno, esa pega... ¡Y que no puedes ver desde fuera lo que te espera dentro!
Pero eso sí, una lata es un 96% reciclable tardando solo 60 días en volver a aparecer en tu tienda, y un poquito más respetuosa con el medio ambiente. Los datos lo confirman: el vidrio reciclado requiere 26% menos de energía que su fabricación desde cero y reduce en un 20% las emisiones a la atmósfera de la fabricación. Mientras que la producción de una lata a partir de aluminio reciclado requiere un 95% menos de energía de la que sería necesaria para hacerla desde materiales vírgenes. Ahora que sabes todo esto, es tu decisión elegirla o no, pero eso sí, ¡procura servirla en un vaso siempre que puedas!
Igual que los móviles de hoy en día ya no son del tamaño de un ladrillo, la tecnología también ha dejado huella en la industria del envasado con aluminio. Nos queda la herencia de aquel metal que podía transferir sus propiedades a la cerveza que contenía, pero hoy en día eso está muy lejos de la realidad. El aluminio actual utilizado en las latas está dotado de un revestimiento con resina que impide cualquier tipo de transferencia de sabor.
Y es que las ventajas de utilizar este tipo de envase con respecto a la botella de cristal tradicional son muchas, empezando por su ligereza y su relativa resistencia (aunque ojo, son delicadas también), que puede evitar que derrames tu bebida si accidentalmente se te escurre de las manos, y además permitirá que puedas introducir tu bien más preciado a recintos donde está prohibido el cristal.
Respecto a la conservación, además de evitar la incidencia directa de la luz sobre la cerveza, una lata se encuentra perfectamente sellada y el oxígeno no podrá causar ningún tipo de estrago. Podemos seguir con las ventajas (e inconvenientes) diciendo que, dado que el metal es mejor conductor del calor podrás enfriar más rápido tu cerveza si viene en este tipo de envase, desgraciadamente también se calentará antes.
Otra pega que tiene es que no es el recipiente ideal para cervezas que tengan una segunda fermentación en su envase, así que muchos estilos belgas (o las Real Ale inglesas), así como cervezas pensadas para madurar o envejecer, seguirá siendo preferible envasarlos en botella. Bueno, esa pega... ¡Y que no puedes ver desde fuera lo que te espera dentro!
Pero eso sí, una lata es un 96% reciclable tardando solo 60 días en volver a aparecer en tu tienda, y un poquito más respetuosa con el medio ambiente. Los datos lo confirman: el vidrio reciclado requiere 26% menos de energía que su fabricación desde cero y reduce en un 20% las emisiones a la atmósfera de la fabricación. Mientras que la producción de una lata a partir de aluminio reciclado requiere un 95% menos de energía de la que sería necesaria para hacerla desde materiales vírgenes. Ahora que sabes todo esto, es tu decisión elegirla o no, pero eso sí, ¡procura servirla en un vaso siempre que puedas!
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jueves, marzo 02, 2017
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brindis en voz alta
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