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¿Sabías que…? Las Cervezas Trapenses

Unas de las cervezas con más tradición a sus espaldas son las cervezas de abadía, ya que durante muchos años (o siglos) en Europa la escritura y por lo tanto la transmisión de conocimientos estuvo en manos de la Iglesia, incluyendo el hacer cerveza.

Estas son algunas de las Cervezas TrapensesHoy en día, la mayoría de las cerveza “de abadía” están hechas por fábricas que pertenecen a empresas cerveceras, y pagan un canon por el uso del nombre de una abadía (o ni eso). Pero existen unas pocas cervezas que siguen siendo fabricadas por la Iglesia, como las Cervezas Trapenses.

¿Qué son las Cervezas Trapenses?


Las Cervezas Trapenses son un producto de los monjes de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, que siguen la regla de San Benito de Nursia (“Ora et labora’’). Para poder etiquetarse como tal, deben tener el visto bueno de la Asociación Internacional Trapense (AIT) y si quieren llevar el sello de Authentic Trappist Product (ATP) deben cumplir los siguientes criterios:

  1. Los productos deben ser fabricados dentro del entorno inmediato de la abadía. (Juraríamos que antes decía “dentro de los muros de…”)
  2. La producción debe efectuarse bajo la supervisión de los monjes o las monjas.
  3. Los ingresos deben ser destinados a las necesidades de la comunidad monástica, a la solidaridad en el seno de la Orden Trapense, o a proyectos de desarrollo y obras de caridad.
  4. (Y también juraríamos que antes había un cuarto criterio que hablaba de la calidad…)

Cervezas estacionales, una maravilla

Beber cerveza, en general, es una actividad placentera. Algunas veces no tanto, pero podemos afirmar que beber una cerveza tiene algo de litúrgico y de sobrenatural. Muchas veces no sabemos por qué*, pero sentimos algo especial; nos hace el día más feliz ya no solamente beber, sino seleccionar y comprar la botella pensando en el momento de beberla.
*(no lo digáis a nadie, pero es el alcohol)

Cuando empecé a beber cerveza artesana, me limitaba a los estilos que iba descubriendo. Creo que todos los cerveceros que lo somos a conciencia hemos pasado por esto. Era descubrir nuevos tipos de birra y caer rendido a sus encantos. Así tuve mi etapa de cervezas belgas en general, mi etapa Imperial Stout, mi etapa Doble IPA, mi etapa Belgian Strong Ale... Al principio me enamoré de cervezas que gritaban, con altos porcentajes de alcohol por lo general. Luego tuve mi época de vuelta a los clásicos y el descubrimiento de los estilos británicos. Bitters, Porters, Dry Stouts, Old Ales, Barley Wines, etcétera. Finalmente, redescubrí las lager, desde las alemanas, con sus Dunkel, Bock, Helles... hasta las checas. Con toda esta paleta de sabores, estilos y variedades, empecé a beber de todo sin distinción de época del año. Me daba igual tomar una Russian Imperial Stout con un 13% de alcohol en verano, o una Session IPA en enero. Pero poco a poco mis ganas de cerveza se fueron “estacionalizando”, de forma inconsciente, y fue maravilloso porque me di cuenta de la variedad de la que podemos disfrutar los que nos gusta la cerveza.

Beber cerveza que trasciende el ahorro de costes y está hecha con la intención de ser deliciosa te regala estas pequeñas reflexiones. Al final, acabas dándote cuenta que puedes trazar el recorrido de un año por los estilos que bebes durante el mismo, sea por tradición o por placer. Aunque sigamos bebiendo de todo, existe una pauta anual muy interesante.

Empezamos en primavera. El renacer de la vida, el despertar tras el invierno. Época de cervezas frescas. Pasamos de lo denso y reconfortante a la conjunción con la naturaleza: cervezas florales, afrutadas, bajando el porcentaje de alcohol. Qué bonito es este primer día fresco pero no frío, este primer día que llegamos a los 18 o 20ºC soleados. Cómo apetece una buena Pale Ale, una buena Lambic, una buena Pilsner checa. O una Blonde belga, o una Bitter inglesa. La vida se ve distinta con una cerveza delante; Y una tarde primaveral, con las horas de sol ganando terreno a las de oscuridad, es un buen ejemplo de ello.

#LaRonda 29 (2.03): de Cerveza y Mujeres

Los Jardineros hicimos un brainstorming sobre cómo afrontar este tema, tan amplio y sin concretar, propuesto por Birraire para la ronda de este mes. Una opción era hablar sobre el porcentaje de representación de ambos sexos entre los lectores, asistentes a ferias y bares, etc., y cómo igualarlo o explicarlo. Pero sobre eso se hablará más y ya hicimos hace tiempo un debate. Así que queríamos darle un enfoque diferente.

Y a mí (Barón), me cargaron el muerto de contar y reflexionar sobre mi experiencia con las cervezas y las mujeres. Y no, no voy a aconsejaros emborracharlas para (como nos pasa a los varones también) desinhibirlas y ligar con ellas (aunque si lo hacéis os recomiendo la Gulden Draak, peligrosamente alcohólica). Sino sobre mis novias y mis cervezas.

Más o menos, empecé a beber cerveza a la vez que salir con chicas (¿tendrá algo que ver con lo comentado sobre el alcohol como “lubricante social”?), y siempre he intentado compartir mi gusto por la birra con ellas. Así que he ido pasando por diferentes parejas y etapas.

Con la primera, siendo ambos inexpertos, pues exploras juntos, descubres cosas nuevas, buscas los límites, indagas en lo que te gusta y lo que no, investigas y empiezas a aprender. En definitiva, pierdes la virginidad y es una época dorada en la que experimentar todo. Y sí, seguimos hablando de cervezas todo el rato, malpensados.

La siguiente relación ya fue más seria. Más exigente. Ya no éramos adolescentes, y ya no vale todo. Sabes lo que te gusta y estás dispuesto a esforzarte por ello. Además, el poder adquisitivo había aumentado (a estas altura empecé a trabajar en la hostelería) así que podías probar cosas más elitistas. Aquí se cultivó el morro fino, sin duda.

Batallitas: Mi primera vez

Hoy, en el blog, vamos a dejar al Barón de la Birra que haga de abuelo cebolleta y nos cuente cómo fue su primera cerveza. No es una gran historia, ni una gran cerveza, pero ha llorado e insistido mucho en que le dejásemos compartirla. Si os gusta, desvelaremos los demás orígenes secretos de todos los autores del blog.

“Niños, corría la primavera de 1993, y yo había salido con un amigo de toda la vida de Valladolid a celebrar los carnavales. Íbamos disfrazados con el sencillo método de rasgar una camiseta y mancharla con mercromina (disfraz de zombie antes de la moda de los zombies y apto para niños de EGB). Como era un día que los padres te dan un poco de manga ancha a la hora de volver a casa, decidimos que sería buena idea comprar y beber una cerveza. Pero claro, éramos dos chavalines de metro y medio escaso. Nadie nos iba a servir una caña ni venderla en un supermercado.

Así que aprovechamos que aún había máquinas expendedoras de cerveza (y refrescos) orientadas a la calle, y como ahí nadie te pedía carnet ni nada, compramos una lata. Pero claro. No puedes elegir (ni a esa edad sabes), así que fue una lata de Cruzcampo. Ahora sé por qué no nos la pudimos acabar (la tiramos y escondimos las pruebas entre unos arbustos) y decidiésemos que no nos gustaba la cerveza y nos pasásemos los siguientes años bebiendo calimocho. Por suerte, a partir de los 16 años (o así) descubrí la cerveza de importación, y aquello me volvió a colocar en la buena senda.”

Y hasta aquí, la primera vez del Barón. ¿Y la vuestra? ¿Queréis compartirla con nosotros? ¿Elegisteis bien? ¿Dónde fue? ¿En un banco de un parque? ¿En casa cuando vuestros padres no estaban? ¡Queremos detalles! Contádnoslo en los comentarios.

PD: Tenemos hastag especial en Twitter para compartir esto. Úsalo: #MiPrimeraVez

Juego: Beer Pong

El Beer Pong es un juego de beber que los ibéricos conocemos gracias a las películas americanas. Por lo visto debe ser popular allí, y no hay film con hermandades universitarias de por medio que no aparezcan jugando, con estos típicos vasos de plástico rojo y una mesa de ping pong.

El objetivo es obligar a beber al contrario metiendo la pelotita en sus vasos. Si fallas, bebes tú. Lo más parecido que he jugado yo aquí (atentos, batallita del abuelo) era a “El Duro” (llamado así por una moneda antigua equivalente a 3 céntimos de euro, para los más jóvenes) en una tasca cutre y con vasos de chato en círculo, pero el concepto era similar.

Y para que podáis hacerlo sin tener que matricularos en una cara universidad norteamericana (salvo que consigáis una beca de deporte, claro), os dejamos aquí este entretenido juego en el que podréis practicar y entrenar para llegar a ser verdaderos campeones de BeerPong.



Recordad: Beber nos gusta, pero la moderación ayuda a meterla mejor. La bolita. Mal pensados. Ah. Y probad a tirar la pelotita a la chica, por curiosidad.

Batallitas: La Historia del Caracol

Y no me refiero a ésta, sino a que corría el año 1999 y yo estaba estudiando en Burgos. Era un día raro de primavera. Digo raro porque hacía calor. Y eso en Burgos es raro hasta en verano. Me tocó acompañar a mi amigo Cote cruzando la ciudad hasta Gamonal. De sur a norte y de oeste a este. No es una ciudad muy grande, pero si que es estirada, así que fue un buen paseo y acabamos sedientos.

Cuando por fin volvimos a la residencia, bajamos directos al semi-sótano donde estaba situado el bar de la misma y me pedí una Mahou Cinco Estrellas (como podéis ver, por entonces no tenía el morro tan fino). Le pegue un trago, un gran trago, y cuando lo estaba dando me pareció ver algo DENTRO de la botella. ¿A que no adivináis que era? Claro, el titulo de la entrada lo dice. ¡Un puto CARACOL! Un caracol jodidamente más grande que la boquilla del botellín.

Obviamente no seguí bebiendo, la camarera me cambió el botellín por otro, llamó al distribuidor que vino a pedirme disculpas en persona y compró mi lealtad con una caja de 24 botellines como compensación (hay que ver que baratos son los chavales de 18 años).

Si eso fuese ahora no hubiese actuado así, claro, pero entonces era punki, y me daba igual todo. Ahora no bebo Mahou (lógicamente, ¿no?, así que si en el blog se comenta alguna Mahou, ya sabéis que no soy yo) y si en alguna cerveza me encontrase un caracol de nuevo (que, oye, puede pasar, los errores ocurren) no me dejaría sobornar…  ...por menos de 144 botellines.

Batallitas: Sirviendo cervezas de trigo

Leyendo la entrada de ayer sobre la Kwak el vaso de la Kwak, no podía dejar de recordar una cosa que me llamaba mucho la atención sobre los vasos, en este caso, el típico vaso alargado y grande de weissbier alemán.

No sé si lo recordáis, pero cuando empezaron a llegar a España de manera general las cervezas de importación, a la gente le dio por creer que las Franziskaners se servían metiendo la botella entera en el vaso y dándolo la vuelta rápidamente. ¿Sabéis de que os hablo? Esto generaba muchas cervezas estropeadas, suelos manchados y vasos rotos.

Por suerte, esta moda ha pasado (o al menos yo ya no la veo) y ahora nos dejan a los profesionales servirlas: Remojando ligeramente el interior del vaso para enfriarlo y restar fricción a la superficie, inclinando el vaso y vertiendo el contenido poco a poco, y antes de vaciarlo del todo, remover el culo de la botella, para recoger la levadura acumulada al fondo de la misma. Veámoslo hacer a un monje franciscano en un anuncio de esa misma marca:


Y con esto, la batallita de hoy. Contadme vuestras experiencias si recordáis hechos parecidos.