La entrada que teníamos hoy programada hemos querido dejarla para otro día porque creemos que lo ocurrido en estas últimas horas en nuestro Facebook es inasumible y muestra una situación muy perniciosa, y sentimos que es necesario dar nuestro punto de vista editorial al respecto.
Publicábamos ayer en la sección “Juzgado de Etiquetas” el comentario acerca de una etiqueta de cerveza que está a la venta en bares y tiendas por toda España. Para los que no lo sepan, esta sección es como una reseña, pero no de la cerveza organolépticamente, sino de la etiqueta y su información. Tomando como base para su evaluación no el BJCP, claro, sino el BOE y la normativa europea de etiquetado de productos alimenticios.
Vamos, que se evalúa no en base a criterios subjetivos, sino a unos estándares claros y publicados por la autoridad competente, que nosotros nos limitamos a comprobar y analizar. Y lo hacemos porque llevamos años dando la matraca sobre el tema: la información beneficia al consumidor, y es obligación (la ley lo recoge como tal con dicho interés) del productor proporcionársela.
Y sin embargo, siempre hay alguien que se siente ofendido. Sobre todo si el criticado es su amigo o él vende esas cervezas, imaginamos. Y las formas de decírnoslo son de mal gusto, con comentarios personales y denostando nuestra publicación…
Así que no queda menos que ofendernos nosotros: ¿Perdona? O sea, los que lo hacemos mal somos los que damos las pautas para hacerlo bien… ¿Y se defiende al que ignora la ley o se la salta? ¡No, no señor! Por ahí no transigimos, no.
Porque si nos vienen a echar en cara que no somos constructivos, les enlazamos entradas de los últimos años donde hemos resumido esa información, hablado recurrentemente sobre el tema y facilitado la tarea a todo productor interesado en hacer su etiquetado bien:
Más información:
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¿Qué es la cerveza artesanal? Opiniones
Tras analizar el otro día la definición de cerveza artesana, atendiendo a lo que la mayoría elegisteis que se ajustaba más en la encuesta, hoy queremos dar espacio a las opiniones personales que aportaban su visión sobre el tema.
Por ejemplo, hay algunos de vertiente romántica, que definen la cerveza artesana por aspectos más etéreos y difícilmente mesurables que los que suelen usar las propias asociaciones de cerveceros artesanos. Quizá, en el fondo, sean los que tengan más razón, aunque no ayuden mucho a la hora de establecer un criterio común.
"Es más una cuestión de "intenciones" que de detalles técnico-administrativos-procedimentales."
"Algo que jamás va a poder aportar una cervecera industrial es el cariño por el producto, el cuidado extremo que se utiliza en la selección de sus ingredientes o que prime la calidad por encima de la cantidad o la rentabilidad."
"La cerveza artesana debe tener una "firma" propia aunque encaje en algún estilo particular."
"Lo más importante es la filosofía y el respeto al producto... Cómo definirlo, sois vosotros los que os habéis metido en ese jardín jejeje."
Otros son más críticos y mordaces. Apuntan, disparan, y se ve que su experiencia les ha llevado a desconfiar. Algo de razón no les falta, pero hay que intentar ser más positivo en general. ¿Vosotros estáis de acuerdo?
"Lo importante para mí son: materia prima de primera calidad, procesos controlados y estandarizados, control exhaustivo de la calidad, trazabilidad en todo el proceso. Todo ello enfocado a que el resultado final sea siempre un producto excelente independientemente de qué lote te toque ese día. El "maestro" cervecero debe venir aprendido de casa. No es justo que aprenda por el método de ensayo-error y lo financie el consumidor."
"No conozco ninguna micro que reduzca su tamaño para mejorar el producto. Los cryo hops son un extracto y las levaduras secas o líquidas son un producto de laboratorio. Hace 10 años daba igual 2, 3 o 4 euros por botellín, y la lata… jajjja. Ahora se mira todo."
"Cerveza artesanal es la que hace el cervecero en su casa o garaje. Cuando el cervecero ya solo hace la receta, su participación no es fundamental para el resultado, procesos automatizados, etc, para mí eso es ya Cerveza Artesanal Industrial. Después está la cerveza industrial pura y dura. Cerveceras haciendo cervezas de estilos tradicionalmente artesanales, de maneras totalmente mecánicas y automatizadas, muchas veces con productos y procesos que alteran artificialmente la cerveza. Se parecen a las artesanales (a veces hasta son mejores en boca) pero que en ningún caso lo son."
"Creo que tanto las microcerveceras como las grandes cerveceras hacen Cerveza y lo que importa es que resulte en un producto de calidad dentro de su estilo o intención. Me parece absurdo querer hacer ver que el uso de unos adjuntos te saca de la calificación de artesanal y el uso de otros no. Me parece absurdo cerrar los ojos al progreso y a los nuevos avances y negarse a incorporar nuevas tecnologías o automatización que te haga las elaboraciones menos duras o un producto menos estable. Me parece absurda esta guerra por diferenciar industrial de artesano, no hay nada que ganar. El peor adjunto es el prejuicio."
"Para mí la cerveza artesana es un producto destacado por su elaboración, sabor, olor. Sin importar lo grande que sea su empresa o el tamaño de litros que haga anualmente. Un producto de autor, exclusivo y que se paga. Porque el precio de una cerveza artesana, indiferentemente de su calidad y dificultad en su elaboración, ya es cara de por sí. Con el tiempo aprendes a saber diferenciar las cervezas artesanas de calidad del resto."
Luego tenemos aficionados a la cerveza artesana bastante estrictos. Con límites marcados (aunque no es fácil tampoco buscar un denominador común) y orientados sobre todo a los límites del tamaño y a los ahorros de costes, pero también a la propiedad de la empresa, por supuesto.
"Algo artesano en cuanto pasa de 200/300 mil litros anuales se desvirtúa...mi opinión."
"Cerveza artesanal ha de contener cereal de calidad y procesada según las técnicas adecuadas para extraer todo su sabor y propiedades."
"Debe ser un producto de autor. Es decir, que principalmente este concebido, desarrollado y elaborado por una persona o pequeño grupo de personas, todos ellos cerveceros, sin intervención de otros profesionales, como marketing, ventas, etc."
Hemos seleccionado todas aquellas que daban una visión más personal y aclaraban la posición del autor (todas de manera anónima) sobre los puntos que preguntábamos y otros aspectos, y os las ofrecemos agrupadas un poco por similitudes.
Por ejemplo, hay algunos de vertiente romántica, que definen la cerveza artesana por aspectos más etéreos y difícilmente mesurables que los que suelen usar las propias asociaciones de cerveceros artesanos. Quizá, en el fondo, sean los que tengan más razón, aunque no ayuden mucho a la hora de establecer un criterio común.
"Es más una cuestión de "intenciones" que de detalles técnico-administrativos-procedimentales."
"Algo que jamás va a poder aportar una cervecera industrial es el cariño por el producto, el cuidado extremo que se utiliza en la selección de sus ingredientes o que prime la calidad por encima de la cantidad o la rentabilidad."
"La cerveza artesana debe tener una "firma" propia aunque encaje en algún estilo particular."
"Lo más importante es la filosofía y el respeto al producto... Cómo definirlo, sois vosotros los que os habéis metido en ese jardín jejeje."
Otros son más críticos y mordaces. Apuntan, disparan, y se ve que su experiencia les ha llevado a desconfiar. Algo de razón no les falta, pero hay que intentar ser más positivo en general. ¿Vosotros estáis de acuerdo?
"Lo importante para mí son: materia prima de primera calidad, procesos controlados y estandarizados, control exhaustivo de la calidad, trazabilidad en todo el proceso. Todo ello enfocado a que el resultado final sea siempre un producto excelente independientemente de qué lote te toque ese día. El "maestro" cervecero debe venir aprendido de casa. No es justo que aprenda por el método de ensayo-error y lo financie el consumidor."
"No conozco ninguna micro que reduzca su tamaño para mejorar el producto. Los cryo hops son un extracto y las levaduras secas o líquidas son un producto de laboratorio. Hace 10 años daba igual 2, 3 o 4 euros por botellín, y la lata… jajjja. Ahora se mira todo."
"Cerveza artesanal es la que hace el cervecero en su casa o garaje. Cuando el cervecero ya solo hace la receta, su participación no es fundamental para el resultado, procesos automatizados, etc, para mí eso es ya Cerveza Artesanal Industrial. Después está la cerveza industrial pura y dura. Cerveceras haciendo cervezas de estilos tradicionalmente artesanales, de maneras totalmente mecánicas y automatizadas, muchas veces con productos y procesos que alteran artificialmente la cerveza. Se parecen a las artesanales (a veces hasta son mejores en boca) pero que en ningún caso lo son."
"Creo que tanto las microcerveceras como las grandes cerveceras hacen Cerveza y lo que importa es que resulte en un producto de calidad dentro de su estilo o intención. Me parece absurdo querer hacer ver que el uso de unos adjuntos te saca de la calificación de artesanal y el uso de otros no. Me parece absurdo cerrar los ojos al progreso y a los nuevos avances y negarse a incorporar nuevas tecnologías o automatización que te haga las elaboraciones menos duras o un producto menos estable. Me parece absurda esta guerra por diferenciar industrial de artesano, no hay nada que ganar. El peor adjunto es el prejuicio."
"Para mí la cerveza artesana es un producto destacado por su elaboración, sabor, olor. Sin importar lo grande que sea su empresa o el tamaño de litros que haga anualmente. Un producto de autor, exclusivo y que se paga. Porque el precio de una cerveza artesana, indiferentemente de su calidad y dificultad en su elaboración, ya es cara de por sí. Con el tiempo aprendes a saber diferenciar las cervezas artesanas de calidad del resto."
Luego tenemos aficionados a la cerveza artesana bastante estrictos. Con límites marcados (aunque no es fácil tampoco buscar un denominador común) y orientados sobre todo a los límites del tamaño y a los ahorros de costes, pero también a la propiedad de la empresa, por supuesto.
"Algo artesano en cuanto pasa de 200/300 mil litros anuales se desvirtúa...mi opinión."
"Cerveza artesanal ha de contener cereal de calidad y procesada según las técnicas adecuadas para extraer todo su sabor y propiedades."
"Debe ser un producto de autor. Es decir, que principalmente este concebido, desarrollado y elaborado por una persona o pequeño grupo de personas, todos ellos cerveceros, sin intervención de otros profesionales, como marketing, ventas, etc."
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jueves, noviembre 26, 2020
2
brindis en voz alta
Medallas Polémicas en el BBCh, una reflexión.
Desde el Jardín comentábamos el otro día el debate en torno a las medallas que Cruzcampo y Mahou, principalmente, se habían llevado en la última edición del Barcelona Beer Challenge. Y creemos que todo el mundo conoce ya nuestra posición.
Pero es que además contamos con dos ventajas a la hora de poder opinar o especular sobre estas cosas. Que conocemos cómo funciona juzgar por BJCP, y que uno de los que en esta web escribe, Marc, ha sido jurado en dicho certamen desde su primera edición.
Así que podemos opinar, desde el punto de vista de un juez y gracias a sus claves, por experiencia y conocimiento del sistema del concurso. Pero lo primero de todo, es conocer un poco cómo funciona un concurso con sistema BJCP.
1. Se valora la cerveza de forma técnica y lo más objetiva posible. Esto deja fuera los juicios personales y los posibles prejuicios, ya que las cervezas llegan a los evaluadores a ciegas, sin que se pueda saber a quién pertenece la muestra. "Está muy rica" no es un criterio que se vaya a tener en cuenta. A un juez una cerveza puede no gustarle en absoluto y darle una medalla si se ajusta a la categoría.
2. La adecuación al estilo lo es todo. Hay cervezas excelentes que quedan fuera por estar en una categoría incorrecta. Esto no es gratuito, es la manera de evitar algunas picarescas entre los participantes. Los jueces han de ser especialmente severos si con la categoría incorrecta se logra una ventaja competitiva. Por ejemplo, meter una Russian Imperial Stout envejecida en barrica en la categoría Imperial Stout está muy penalizado, ya que la barrica da una ventaja que es injusta para los que han entrado en la categoría adecuada. En cambio, colocar una cerveza baja de alcohol en la categoría American IPA será penalizado, pero no tanto, ya que no le da ventaja respecto las demás. Otro caso claro es enviar una American IPA a la categoría Speciality IPA diciendo que "lleva lúpulos especialmente afrutados". Con esto se logra entrar en una categoría mucho menos disputada y se obtiene ventaja, y por lo tanto esa cerveza quedará fuera.
3- En línea con lo anterior, es muy importante (crucial) definir bien las cervezas al inscribirlas. Si se presenta una Russian Imperial Stout en barrica de roble, se debe indicar así en la hoja de inscripción. Estilo base y proceso, si es necesario. Si se presenta la cerveza en Fruit Beer, lo mismo: cerveza base y la fruta (una Belgian Tripel con añadido de frambuesas). Y así con todas las categorías donde interviene estilo base y un proceso posterior.
Veamos según estos puntos qué ha podido pasar en cada categoría de las que han suscitado la polémica:
Pero es que además contamos con dos ventajas a la hora de poder opinar o especular sobre estas cosas. Que conocemos cómo funciona juzgar por BJCP, y que uno de los que en esta web escribe, Marc, ha sido jurado en dicho certamen desde su primera edición.
Así que podemos opinar, desde el punto de vista de un juez y gracias a sus claves, por experiencia y conocimiento del sistema del concurso. Pero lo primero de todo, es conocer un poco cómo funciona un concurso con sistema BJCP.
1. Se valora la cerveza de forma técnica y lo más objetiva posible. Esto deja fuera los juicios personales y los posibles prejuicios, ya que las cervezas llegan a los evaluadores a ciegas, sin que se pueda saber a quién pertenece la muestra. "Está muy rica" no es un criterio que se vaya a tener en cuenta. A un juez una cerveza puede no gustarle en absoluto y darle una medalla si se ajusta a la categoría.
2. La adecuación al estilo lo es todo. Hay cervezas excelentes que quedan fuera por estar en una categoría incorrecta. Esto no es gratuito, es la manera de evitar algunas picarescas entre los participantes. Los jueces han de ser especialmente severos si con la categoría incorrecta se logra una ventaja competitiva. Por ejemplo, meter una Russian Imperial Stout envejecida en barrica en la categoría Imperial Stout está muy penalizado, ya que la barrica da una ventaja que es injusta para los que han entrado en la categoría adecuada. En cambio, colocar una cerveza baja de alcohol en la categoría American IPA será penalizado, pero no tanto, ya que no le da ventaja respecto las demás. Otro caso claro es enviar una American IPA a la categoría Speciality IPA diciendo que "lleva lúpulos especialmente afrutados". Con esto se logra entrar en una categoría mucho menos disputada y se obtiene ventaja, y por lo tanto esa cerveza quedará fuera.
3- En línea con lo anterior, es muy importante (crucial) definir bien las cervezas al inscribirlas. Si se presenta una Russian Imperial Stout en barrica de roble, se debe indicar así en la hoja de inscripción. Estilo base y proceso, si es necesario. Si se presenta la cerveza en Fruit Beer, lo mismo: cerveza base y la fruta (una Belgian Tripel con añadido de frambuesas). Y así con todas las categorías donde interviene estilo base y un proceso posterior.
Veamos según estos puntos qué ha podido pasar en cada categoría de las que han suscitado la polémica:
Brut IPA: Auge y caída de un estilo
España, finales de junio de 2019, en plena ola de calor. Entramos en varios bares cerveceros de referencia y en el taplist encontramos nada más y nada menos que cero Brut IPA. "El estilo que iba a sustituir las NEIPA", "la nueva moda cervecera mundial que viene de EEUU".
Spoiler: No.
Desde varios blogs comentamos que esta era una moda que no parecía sostenerse por ningún lado. Una cerveza extra seca, con un amargor pronunciado, nos parecía algo demasiado asertivo como para arrasar en ventas. Lo podíamos entender de cervezas de bajos IBU y mucho sabor a lúpulo, que se bebían como zumos de forma casi literal, pero no de algo que ofrecía resistencia al trago largo y continuado.
Parecía que nos querían meter con calzador este estilo, y para ello se dijeron algunas cosas un tanto discutibles. Una premisa fue, por ejemplo, que al ser una cerveza seca te pedía otro trago. Otra frase era que "el Cava o Champagne Brut eran considerados los de mejor calidad y eran los más solicitados por los amantes de los espumosos". En el primer caso, no podemos olvidar que los checos, bebedores de cerveza por antonomasia, toman en su mayoría un estilo que suele terminar su fermentación alrededor de los 1.015 g/l, lo que se traduce en una cerveza que tiene poco de seca. Es de hecho este leve dulzor residual uno de los motivos que hacen las pils tan fáciles de beber. Luego, lo del Champagne Brut... el Champagne se toma en copas de 10 cl. y de una forma mucho más moderada. Nada que ver con el estilo que nos ocupa.
Los cerveceros, que en su momento subieron casi todos al carro de hacer una Brut, parece que han dejado de lado este estilo bastardo que, al final, ni tan siquiera ha pasado de ser un estilo mal definido. Cuesta -o costaba- horrores decidir si una Brut IPA era o no era un buen ejemplo del estilo, porque teníamos la sensación que todas eran diferentes. No existe "un sabor estándar de Brut IPA" que la identifique ipso facto, como pasa con las Hazy o las West Coast.
Al final, se ha impuesto el sentido común, y mientras los zumitos vermontianos siguen copando las listas de tiradores, las Brut IPA ya reposan junto a las Black IPA en el baúl de los recuerdos. Quizá de aquí 50 años alguien las vuelva a hacer como vestigio histórico, pero dudamos que las veamos mucho más. La propia industria de la novedad las ha matado. “¿Et tu, Brute?” Las Brut IPA han muerto: corta vida a las Brut IPA.
Spoiler: No.
Desde varios blogs comentamos que esta era una moda que no parecía sostenerse por ningún lado. Una cerveza extra seca, con un amargor pronunciado, nos parecía algo demasiado asertivo como para arrasar en ventas. Lo podíamos entender de cervezas de bajos IBU y mucho sabor a lúpulo, que se bebían como zumos de forma casi literal, pero no de algo que ofrecía resistencia al trago largo y continuado.
Parecía que nos querían meter con calzador este estilo, y para ello se dijeron algunas cosas un tanto discutibles. Una premisa fue, por ejemplo, que al ser una cerveza seca te pedía otro trago. Otra frase era que "el Cava o Champagne Brut eran considerados los de mejor calidad y eran los más solicitados por los amantes de los espumosos". En el primer caso, no podemos olvidar que los checos, bebedores de cerveza por antonomasia, toman en su mayoría un estilo que suele terminar su fermentación alrededor de los 1.015 g/l, lo que se traduce en una cerveza que tiene poco de seca. Es de hecho este leve dulzor residual uno de los motivos que hacen las pils tan fáciles de beber. Luego, lo del Champagne Brut... el Champagne se toma en copas de 10 cl. y de una forma mucho más moderada. Nada que ver con el estilo que nos ocupa.
Los cerveceros, que en su momento subieron casi todos al carro de hacer una Brut, parece que han dejado de lado este estilo bastardo que, al final, ni tan siquiera ha pasado de ser un estilo mal definido. Cuesta -o costaba- horrores decidir si una Brut IPA era o no era un buen ejemplo del estilo, porque teníamos la sensación que todas eran diferentes. No existe "un sabor estándar de Brut IPA" que la identifique ipso facto, como pasa con las Hazy o las West Coast.
Al final, se ha impuesto el sentido común, y mientras los zumitos vermontianos siguen copando las listas de tiradores, las Brut IPA ya reposan junto a las Black IPA en el baúl de los recuerdos. Quizá de aquí 50 años alguien las vuelva a hacer como vestigio histórico, pero dudamos que las veamos mucho más. La propia industria de la novedad las ha matado. “¿Et tu, Brute?” Las Brut IPA han muerto: corta vida a las Brut IPA.
Editorial Jardinero: Heineken compra La Cibeles
Podéis volver a entrar a este post cuando veáis que pase algo como esto, y servirá leerlo como si leyeses X compra a Y. Ya ha ocurrido (Mahou compra Nómada, AB-Inveb compra La Virgen, Molson Coors compra La Sagra), ocurre (Heineken compra La Cibeles, que es la que se supo ayer mismo) y ocurrirá (X compra Y… como si Damm compra Naparbier, por elucubrar uno). Y entonces todo el mundo se rasgará las vestiduras y criticará el venderse al capital. Por eso, el Jardín quiere comentar la situación de una manera que valga para todas las veces que pase esto.
Porque lo más importante es que no hemos de olvidar que las empresas que fabrican cerveza son un negocio. Que requieren una inversión y esperan unos beneficios. ¿Realmente importa de donde venga ese dinero? Si se capitaliza el paro, si es un hijo de millonario quien la monta, si pide el dinero a un banco, si lo participa o impulsa una bodega de vino… ¿Es una cervecera artesanal? ¿Independiente? ¿Indie? ¿Craft? ¿o no?
Nosotros creemos que lo que importa es el producto. Las cervezas trapenses pertenecen a la Iglesia Católica (no se nos ocurre una empresa más opaca en su gestión y con mayor alcance y capital), pero son productos de calidad excepcional. Elegir comprarlos, o no, no es una cuestión de la cerveza sino de ideología.
Y es verdad que ese puede ser un factor de peso. Ya hemos dicho alguna vez que, a nivel personal, preferimos saber a dónde va nuestro dinero y quién se beneficia de ello. Pero las grandes empresas también generan empleos con nombres y apellidos, mueven la economía y dan servicios y productos. Podemos estar en contra, claro… pero entonces hay que ser coherente (que es lo que más cuesta en todo esto) y no comprar nada de Heineken… pero tampoco de Netflix, Hollywood, BMW, Amazon, Nestle y un largo etcétera de empresas…
Porque lo más importante es que no hemos de olvidar que las empresas que fabrican cerveza son un negocio. Que requieren una inversión y esperan unos beneficios. ¿Realmente importa de donde venga ese dinero? Si se capitaliza el paro, si es un hijo de millonario quien la monta, si pide el dinero a un banco, si lo participa o impulsa una bodega de vino… ¿Es una cervecera artesanal? ¿Independiente? ¿Indie? ¿Craft? ¿o no?
Nosotros creemos que lo que importa es el producto. Las cervezas trapenses pertenecen a la Iglesia Católica (no se nos ocurre una empresa más opaca en su gestión y con mayor alcance y capital), pero son productos de calidad excepcional. Elegir comprarlos, o no, no es una cuestión de la cerveza sino de ideología.
Y es verdad que ese puede ser un factor de peso. Ya hemos dicho alguna vez que, a nivel personal, preferimos saber a dónde va nuestro dinero y quién se beneficia de ello. Pero las grandes empresas también generan empleos con nombres y apellidos, mueven la economía y dan servicios y productos. Podemos estar en contra, claro… pero entonces hay que ser coherente (que es lo que más cuesta en todo esto) y no comprar nada de Heineken… pero tampoco de Netflix, Hollywood, BMW, Amazon, Nestle y un largo etcétera de empresas…
Brut IPA: ¿Nueva Moda?
Está claro que cuando algo crece de forma tan rápida como la cerveza artesana, con aumentos porcentuales de cuatro dígitos entre décadas, se crean cambios de paradigma y sub-modas. Ejemplo de ello son la irrupción del lúpulo en el continente americano durante la década de los 90 y especialmente de los dos miles, o, a menor nivel, el impacto de las NEIPA los dos últimos años. Antes de esto hubo épocas, largas en España, donde lo "bueno" de importación llevaba la bandera belga.
Estos cambios bruscos no suelen venir de un año para otro, ni ser previstos. Cuando algo triunfa, cuando hay una moda, parece que existe la imperiosa necesidad de crear y anticiparse a la siguiente. Curiosamente, las previsiones de futuras modas no suelen funcionar. Porque las modas aparecen de forma imprevista, a veces accidental, espontánea y popular -por lo menos en el mundo cervecero-.
Llevamos unos meses oyendo hablar de las Brut IPA. Que si será el siguiente boom cervecero, que si sustituirá a la NEIPA en los tiradores de las cervecerías craft más importantes, que si todo el mundo beberá Brut IPA. Aseveraciones que recuerdan más al "Robinho es el nuevo Messi" que a otra cosa. Este es un estilo seco, no excesivamente amargo pero sí bastante asertivo, que quizá queda en tierra de nadie. Los zumitos por lo menos tenían una gran personalidad, con sabores extremadamente afrutados, tanto cítricos como tropicales y amargor muy moderado. De las pocas Brut IPA que hemos podido probar, ninguna ha generado la "necesidad" de seguir bebiendo, es más, el formato elegido ha sido la media pinta. Lo mismo ha dicho la gente con la que hemos hablado de ello. Algunos creen que puede ser un buen punto de inicio para amantes de los vinos espumosos, por ser secas y con una carbonatación parecida. No creemos que un amante del vino vaya a aficionarse a la cerveza por algo que le recuerda vagamente a lo que ya toma, pero es una opinión.
Habrá que ver como evoluciona el panorama, si la Brut IPA invade los tiradores, si se queda, o si queda en un discreto segundo plano, acompañando a cervezas como las Black IPA, que por cierto tenían que ser el no va más y la nueva moda cervecera a inicios de la década, y cuya presencia ahora es claramente minoritaria, tras una época en que cada marca tenía al menos una.
Estos cambios bruscos no suelen venir de un año para otro, ni ser previstos. Cuando algo triunfa, cuando hay una moda, parece que existe la imperiosa necesidad de crear y anticiparse a la siguiente. Curiosamente, las previsiones de futuras modas no suelen funcionar. Porque las modas aparecen de forma imprevista, a veces accidental, espontánea y popular -por lo menos en el mundo cervecero-.
Llevamos unos meses oyendo hablar de las Brut IPA. Que si será el siguiente boom cervecero, que si sustituirá a la NEIPA en los tiradores de las cervecerías craft más importantes, que si todo el mundo beberá Brut IPA. Aseveraciones que recuerdan más al "Robinho es el nuevo Messi" que a otra cosa. Este es un estilo seco, no excesivamente amargo pero sí bastante asertivo, que quizá queda en tierra de nadie. Los zumitos por lo menos tenían una gran personalidad, con sabores extremadamente afrutados, tanto cítricos como tropicales y amargor muy moderado. De las pocas Brut IPA que hemos podido probar, ninguna ha generado la "necesidad" de seguir bebiendo, es más, el formato elegido ha sido la media pinta. Lo mismo ha dicho la gente con la que hemos hablado de ello. Algunos creen que puede ser un buen punto de inicio para amantes de los vinos espumosos, por ser secas y con una carbonatación parecida. No creemos que un amante del vino vaya a aficionarse a la cerveza por algo que le recuerda vagamente a lo que ya toma, pero es una opinión.
Habrá que ver como evoluciona el panorama, si la Brut IPA invade los tiradores, si se queda, o si queda en un discreto segundo plano, acompañando a cervezas como las Black IPA, que por cierto tenían que ser el no va más y la nueva moda cervecera a inicios de la década, y cuya presencia ahora es claramente minoritaria, tras una época en que cada marca tenía al menos una.
Puertas Abiertas: ¿Vendemos o despachamos?
Hoy recuperamos la sección “Puertas Abiertas” que tuvimos hace unos años para publicar un texto de nuestro amigo y lector Ariel Caballero (Profesional de turismo y juez certificado BJCP, además de aficionado a la cultura cervecera, claro está), que nos ha hecho llegar y creemos que merece ver la luz. Por ello, la reflexión de hoy queda en sus manos:
Hace unos meses, una calurosa tarde conversaba con un amigo que regenta una tienda de cervezas artesanas cuando dijo algo que se me quedó grabado en la memoria y que me apenó mucho: “Ariel, eres de los pocos clientes que tengo que me repiten cerveza”.
Esta afirmación me llevó a ir meditando profundamente durante los siguientes días para intentar desarrollar todos los sentimientos y las ideas que llevaba bullendo en mi mente. No digo que me apene por la relación con mi amigo, que es excelente, sino por las implicaciones en el concepto de cerveza artesana que tiene. ¿Acaso carecen de suficiente calidad las cervezas artesanas como para llegar al extremo de no querer repetirlas? ¿Acaso es que la elección que estilos que hacemos no consiguen cautivar al público?
Cuando hablamos con la gente del mundo de la cerveza artesana siempre salen con el pabellón bien alto sobre la calidad de la materia prima que utilizan, en detrimento de las industriales que utilizan grandes cantidades de adjuntos (y no entraremos en la estéril discusión sobre si la cerveza debe filtrarse o no). Si tan cierto es que tienen una calidad de materia prima superior, no debería ser difícil conseguir fidelizar al cliente. Pero aquí me permito recordar la excelente charla que dio Kjetil Jikium (fundador de Nogne, actualmente en Solobeer) en el marco de la 3ª Festa del Llupol (septiembre 2017) donde explicaba claramente que la diferencia entre cerveza artesana y cerveza industrial no se refiere a la calidad de las materias primas, ya que tenemos en ambos bandos cervezas realizadas con materia prima de primera y de segunda calidad. Tampoco marca la diferencia la maquinaria (que también tenemos ejemplos en los dos casos, aunque sea a distinta escala, tecnología de diseño antiguo y de último modelo) y así sucesivamente. Lo que realmente marca la diferencia entre una cerveza industrial y una artesana es el mensaje que se quiere transmitir. Y una cerveza artesana debe centrarse en transmitir su mensaje a su público de forma clara y concreta.
Hace unos meses, una calurosa tarde conversaba con un amigo que regenta una tienda de cervezas artesanas cuando dijo algo que se me quedó grabado en la memoria y que me apenó mucho: “Ariel, eres de los pocos clientes que tengo que me repiten cerveza”.
Esta afirmación me llevó a ir meditando profundamente durante los siguientes días para intentar desarrollar todos los sentimientos y las ideas que llevaba bullendo en mi mente. No digo que me apene por la relación con mi amigo, que es excelente, sino por las implicaciones en el concepto de cerveza artesana que tiene. ¿Acaso carecen de suficiente calidad las cervezas artesanas como para llegar al extremo de no querer repetirlas? ¿Acaso es que la elección que estilos que hacemos no consiguen cautivar al público?
Cuando hablamos con la gente del mundo de la cerveza artesana siempre salen con el pabellón bien alto sobre la calidad de la materia prima que utilizan, en detrimento de las industriales que utilizan grandes cantidades de adjuntos (y no entraremos en la estéril discusión sobre si la cerveza debe filtrarse o no). Si tan cierto es que tienen una calidad de materia prima superior, no debería ser difícil conseguir fidelizar al cliente. Pero aquí me permito recordar la excelente charla que dio Kjetil Jikium (fundador de Nogne, actualmente en Solobeer) en el marco de la 3ª Festa del Llupol (septiembre 2017) donde explicaba claramente que la diferencia entre cerveza artesana y cerveza industrial no se refiere a la calidad de las materias primas, ya que tenemos en ambos bandos cervezas realizadas con materia prima de primera y de segunda calidad. Tampoco marca la diferencia la maquinaria (que también tenemos ejemplos en los dos casos, aunque sea a distinta escala, tecnología de diseño antiguo y de último modelo) y así sucesivamente. Lo que realmente marca la diferencia entre una cerveza industrial y una artesana es el mensaje que se quiere transmitir. Y una cerveza artesana debe centrarse en transmitir su mensaje a su público de forma clara y concreta.
Editorial Jardinero: El hype
En el genial artículo en Longreads sobre The Alchemist se puede leer la frase "la gente habla de la cerveza como si hubiesen jodidos unicornios dentro". Daba su opinión al respecto John Kimmich (hombre al que poner en un pedestal cervecero, empresarial y humano ahora mismo), manifestando como le molesta la mitificación de algunas cervezas en general, y de las suyas en particular. "Esto no es ninguna fórmula mágica", decía.
Después de haber probado más de 2.000 cervezas diferentes a lo largo de nuestra vida, no podemos hacer más que ratificar estas palabras. Una cerveza podrá estar BRUTAL, pero no dejará de ser un líquido que te ofrecerá un placer gustativo limitado. No se puede llegar a un nivel de sabor que te obligue a cambiarte los calcetines porque el caudal de tu eyaculación ha llegado a los pies.
Al final, creemos que una cerveza genial no será más que una cerveza genial. Lo mismo que cualquier whisky, vino, o bebida. Incluso que cualquier comida, de la más alta gastronomía. Hay un componente de lugar y situación personal que hará que la experiencia sea o no sea de matrícula de honor. Una misma cerveza, tomada un lunes por la noche con migraña, frío y marrones en el trabajo, no ofrecerá el mismo placer que si la tomas de vacaciones, con la brisa tibia acariciándote los brazos desnudos en un atardecer de mayo, con la mente abierta y dispuesta al hedonismo.
El resumen: el hype perjudicará el resultado en la mayoría de los casos, y una buena disposición y buen momento actuará justo de la manera inversa. Es tan obvio que parece ridículo de escribir, pero qué poco claro lo tenemos, o lo hemos tenido. Cuando empezamos a beber, era con cervezas que estaban muy bien, pero que no hubiesen ocupado los tops de los rankings (quitando alguna cosa belga). Llegaron IPAs del montón, que sin ser malas no estaban tan siquiera en su momento álgido. IPAs viejas, caramelosas, con el lúpulo en claro declive. Esto provocó que al probar las primeras IPAs americanas frescas nos volara la cabeza. Lo mismo con las primeras stouts en barrica. Eran increíbles aquellas explosiones de sabores. Hoy en día, mucha gente que empieza en el mundo cervecero recibe primero el hype que la cerveza en sí. Hemos llegado a un nivel de oferta que en muchas ciudades permite beber cervezas de top 10 mundial de forma regular. El nivel general, también ha mejorado enormemente. Quien ha probado una Montseny Mala Vida con barrica de ron o una Dougall's 942 IPA fresca, no se sorprenderá tanto al probar una Russian Imperial Stout en barrica top, o una IPA americana de la costa oeste que hace años le habría provocado sueños húmedos.
Solamente nos queda huir del hype como alma que persigue el diablo, y aprender a disfrutar de la cerveza hecha de forma precisa, exacta, limpia y en excelentes condiciones. Aunque sea una cerveza que no chille, aunque sea una cerveza de 4,4% ABV equilibrada, sin barrica, ni brettanomyces, ni nada que despunte. Puede que este sea el auténtico Santo Grial del mundo cervecero.
Después de haber probado más de 2.000 cervezas diferentes a lo largo de nuestra vida, no podemos hacer más que ratificar estas palabras. Una cerveza podrá estar BRUTAL, pero no dejará de ser un líquido que te ofrecerá un placer gustativo limitado. No se puede llegar a un nivel de sabor que te obligue a cambiarte los calcetines porque el caudal de tu eyaculación ha llegado a los pies.
Al final, creemos que una cerveza genial no será más que una cerveza genial. Lo mismo que cualquier whisky, vino, o bebida. Incluso que cualquier comida, de la más alta gastronomía. Hay un componente de lugar y situación personal que hará que la experiencia sea o no sea de matrícula de honor. Una misma cerveza, tomada un lunes por la noche con migraña, frío y marrones en el trabajo, no ofrecerá el mismo placer que si la tomas de vacaciones, con la brisa tibia acariciándote los brazos desnudos en un atardecer de mayo, con la mente abierta y dispuesta al hedonismo.
El resumen: el hype perjudicará el resultado en la mayoría de los casos, y una buena disposición y buen momento actuará justo de la manera inversa. Es tan obvio que parece ridículo de escribir, pero qué poco claro lo tenemos, o lo hemos tenido. Cuando empezamos a beber, era con cervezas que estaban muy bien, pero que no hubiesen ocupado los tops de los rankings (quitando alguna cosa belga). Llegaron IPAs del montón, que sin ser malas no estaban tan siquiera en su momento álgido. IPAs viejas, caramelosas, con el lúpulo en claro declive. Esto provocó que al probar las primeras IPAs americanas frescas nos volara la cabeza. Lo mismo con las primeras stouts en barrica. Eran increíbles aquellas explosiones de sabores. Hoy en día, mucha gente que empieza en el mundo cervecero recibe primero el hype que la cerveza en sí. Hemos llegado a un nivel de oferta que en muchas ciudades permite beber cervezas de top 10 mundial de forma regular. El nivel general, también ha mejorado enormemente. Quien ha probado una Montseny Mala Vida con barrica de ron o una Dougall's 942 IPA fresca, no se sorprenderá tanto al probar una Russian Imperial Stout en barrica top, o una IPA americana de la costa oeste que hace años le habría provocado sueños húmedos.
Solamente nos queda huir del hype como alma que persigue el diablo, y aprender a disfrutar de la cerveza hecha de forma precisa, exacta, limpia y en excelentes condiciones. Aunque sea una cerveza que no chille, aunque sea una cerveza de 4,4% ABV equilibrada, sin barrica, ni brettanomyces, ni nada que despunte. Puede que este sea el auténtico Santo Grial del mundo cervecero.
Cervezas estacionales, una maravilla
Beber cerveza, en general, es una actividad placentera. Algunas veces no tanto, pero podemos afirmar que beber una cerveza tiene algo de litúrgico y de sobrenatural. Muchas veces no sabemos por qué*, pero sentimos algo especial; nos hace el día más feliz ya no solamente beber, sino seleccionar y comprar la botella pensando en el momento de beberla.
*(no lo digáis a nadie, pero es el alcohol)
Cuando empecé a beber cerveza artesana, me limitaba a los estilos que iba descubriendo. Creo que todos los cerveceros que lo somos a conciencia hemos pasado por esto. Era descubrir nuevos tipos de birra y caer rendido a sus encantos. Así tuve mi etapa de cervezas belgas en general, mi etapa Imperial Stout, mi etapa Doble IPA, mi etapa Belgian Strong Ale... Al principio me enamoré de cervezas que gritaban, con altos porcentajes de alcohol por lo general. Luego tuve mi época de vuelta a los clásicos y el descubrimiento de los estilos británicos. Bitters, Porters, Dry Stouts, Old Ales, Barley Wines, etcétera. Finalmente, redescubrí las lager, desde las alemanas, con sus Dunkel, Bock, Helles... hasta las checas. Con toda esta paleta de sabores, estilos y variedades, empecé a beber de todo sin distinción de época del año. Me daba igual tomar una Russian Imperial Stout con un 13% de alcohol en verano, o una Session IPA en enero. Pero poco a poco mis ganas de cerveza se fueron “estacionalizando”, de forma inconsciente, y fue maravilloso porque me di cuenta de la variedad de la que podemos disfrutar los que nos gusta la cerveza.
Beber cerveza que trasciende el ahorro de costes y está hecha con la intención de ser deliciosa te regala estas pequeñas reflexiones. Al final, acabas dándote cuenta que puedes trazar el recorrido de un año por los estilos que bebes durante el mismo, sea por tradición o por placer. Aunque sigamos bebiendo de todo, existe una pauta anual muy interesante.
Empezamos en primavera. El renacer de la vida, el despertar tras el invierno. Época de cervezas frescas. Pasamos de lo denso y reconfortante a la conjunción con la naturaleza: cervezas florales, afrutadas, bajando el porcentaje de alcohol. Qué bonito es este primer día fresco pero no frío, este primer día que llegamos a los 18 o 20ºC soleados. Cómo apetece una buena Pale Ale, una buena Lambic, una buena Pilsner checa. O una Blonde belga, o una Bitter inglesa. La vida se ve distinta con una cerveza delante; Y una tarde primaveral, con las horas de sol ganando terreno a las de oscuridad, es un buen ejemplo de ello.
*(no lo digáis a nadie, pero es el alcohol)
Cuando empecé a beber cerveza artesana, me limitaba a los estilos que iba descubriendo. Creo que todos los cerveceros que lo somos a conciencia hemos pasado por esto. Era descubrir nuevos tipos de birra y caer rendido a sus encantos. Así tuve mi etapa de cervezas belgas en general, mi etapa Imperial Stout, mi etapa Doble IPA, mi etapa Belgian Strong Ale... Al principio me enamoré de cervezas que gritaban, con altos porcentajes de alcohol por lo general. Luego tuve mi época de vuelta a los clásicos y el descubrimiento de los estilos británicos. Bitters, Porters, Dry Stouts, Old Ales, Barley Wines, etcétera. Finalmente, redescubrí las lager, desde las alemanas, con sus Dunkel, Bock, Helles... hasta las checas. Con toda esta paleta de sabores, estilos y variedades, empecé a beber de todo sin distinción de época del año. Me daba igual tomar una Russian Imperial Stout con un 13% de alcohol en verano, o una Session IPA en enero. Pero poco a poco mis ganas de cerveza se fueron “estacionalizando”, de forma inconsciente, y fue maravilloso porque me di cuenta de la variedad de la que podemos disfrutar los que nos gusta la cerveza.
Beber cerveza que trasciende el ahorro de costes y está hecha con la intención de ser deliciosa te regala estas pequeñas reflexiones. Al final, acabas dándote cuenta que puedes trazar el recorrido de un año por los estilos que bebes durante el mismo, sea por tradición o por placer. Aunque sigamos bebiendo de todo, existe una pauta anual muy interesante.
Empezamos en primavera. El renacer de la vida, el despertar tras el invierno. Época de cervezas frescas. Pasamos de lo denso y reconfortante a la conjunción con la naturaleza: cervezas florales, afrutadas, bajando el porcentaje de alcohol. Qué bonito es este primer día fresco pero no frío, este primer día que llegamos a los 18 o 20ºC soleados. Cómo apetece una buena Pale Ale, una buena Lambic, una buena Pilsner checa. O una Blonde belga, o una Bitter inglesa. La vida se ve distinta con una cerveza delante; Y una tarde primaveral, con las horas de sol ganando terreno a las de oscuridad, es un buen ejemplo de ello.
Opinión: Mejor del mundo bla bla bla
El otro día, nuestro Becario Marc, en una escapada desde el sótano hacia el luminoso exterior, en el que aprovechó para dejar de beber la bazofia infecta con la que le solemos torturar, intentó beber algo bueno. Se ve que quiso probar una de las cervezas “mejores del mundo”, y los resultados al buscarla le hicieron compartir un gran tocho de texto en sus redes sociales personales.
Como la lectura nos pareció interesante, queremos compartirla con vosotros, amigos Jardineros, para que opinéis también. Así que la cortipegamos, tradujimos y aquí esta, íntegra y sin censurar:
“La mejor cerveza del mundo es española. De Xátiva, concretamente. Artesana, de triple malta y doble fermentación natural, La Socarrada ha conquistado a paladares de todo el mundo gracias a su original personalidad [...]” Este es un texto copiado íntegramente [enlace] del diario Expansión, de reconocida fama dentro de los círculos mercantiles.
"La mejor cerveza Pilsen de Europa - San Miguel 1516" [enlace] es un titular tan ofensivo que debería ser considerado injuria contra la inteligencia colectiva.
"Cruzcampo Gran Reserva, la Mejor Cerveza del Mundo" [enlace] también es un titular que puede encontrar en muchas fuentes, simplemente poniendo "Cruzcampo mejor cerveza mundo" en Google.
Hay centenares de noticias como esta. Cada vez que un brebaje mediocre recibe un titular de esta clase, una cría de gatito se destripa sin querer con un alambre de espino oxidado.
Como la lectura nos pareció interesante, queremos compartirla con vosotros, amigos Jardineros, para que opinéis también. Así que la cortipegamos, tradujimos y aquí esta, íntegra y sin censurar:
“La mejor cerveza del mundo es española. De Xátiva, concretamente. Artesana, de triple malta y doble fermentación natural, La Socarrada ha conquistado a paladares de todo el mundo gracias a su original personalidad [...]” Este es un texto copiado íntegramente [enlace] del diario Expansión, de reconocida fama dentro de los círculos mercantiles.
"La mejor cerveza Pilsen de Europa - San Miguel 1516" [enlace] es un titular tan ofensivo que debería ser considerado injuria contra la inteligencia colectiva.
"Cruzcampo Gran Reserva, la Mejor Cerveza del Mundo" [enlace] también es un titular que puede encontrar en muchas fuentes, simplemente poniendo "Cruzcampo mejor cerveza mundo" en Google.
Hay centenares de noticias como esta. Cada vez que un brebaje mediocre recibe un titular de esta clase, una cría de gatito se destripa sin querer con un alambre de espino oxidado.
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