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¿Funciona la homeopatía contra la resaca cervecera?

Desde El Jardín del Lúpulo la cuestión de la interacción entre medicamentos y cerveza siempre nos ha preocupado mucho. Y como ahora se habla tanto y debate sobre la homeopatía, no queríamos dejar pasar la oportunidad de dar nuestra opinión y argumentar un caso práctico sobre esta medicina ¿alternativa? o ¿pseudo? ciencia.

¿Funciona la homeopatía contra la resaca cervecera?
Para los que no tengan muy claro qué es, el principio básico de la homeopatía (del griego hómoios, “igual”, y páthos, “dolencia”) es tratar las enfermedades con lo mismo que las causa o que produce esos síntomas. “Lo similar cura lo similar”. Eso en el mundo cervecero anglosajon tiene hasta una expresión: “Hair of the dog that bit you”, que viene a decir que la resaca se cura bebiendo más alcohol.

Estás prácticas tienen sus riesgos si tomas demasiada “medicina”. Puede que un Bloody Mary sirva como reconstituyente… Pero dudamos que meterte una Brewdog Tokyo* te vaya ayudar a mejorar los síntomas de la resaca. Samuel Hahnemann, el inventor de la homeopatía, tenía esto claro, por lo que inventó que había que hacer una disolución del principio homeopático en agua. Lo curioso es que cuanto más lo diluyas en agua y más repitas este proceso, más potente se supone que es el resultado.

Obviamente, nosotros, con nuestro pensamiento crítico, independiente e iconoclasta y amantes como somos del método científico (gracias a una educación de calidad en la enseñanza pública)… decidimos no creérnoslo sin más. Y antes de apoyarlo, hacer la prueba aprovechando que, un día más, nos levantábamos con resaca.

Medicamentos y Cerveza: Antibióticos

Estamos seguros de que todos, en alguna o varias ocasiones, nos hemos visto obligados a tomar algún antibiótico, y que el médico o el prospecto nos han desaconsejado tomar alcohol. También sabemos que si en ese periodo quedas en el bar con los colegas, hay ciertas frases que vas a oír: “Pídete una cerveza, si sólo te va a subir antes el alcohol, encima te sale barato emborracharte hoy”, “Por una cerveza tampoco te va a pasar nada, como mucho te hace menos efecto la pastilla”.

¿Dónde está el mito y donde la verdad? ¿Quién tiene razón? ¿El médico que te dice que no tomes alcohol? ¿El colega que te dice que solo reduce el efecto del antibiótico? ¿El que te dice que solo te va a afectar más el alcohol? Para responder a estas preguntas debemos darnos cuenta para empezar, que hablar de antibióticos es algo muy genérico. No todos son iguales, ni sirven para lo mismo, ni reaccionan igual ante el alcohol. El consejo de tu médico es el más acertado, mejor evitar el consumo de alcohol, ya que reacciona con la mayoría de antibióticos. Pero en el caso de la amoxicilina, el ácido clavulánico, la eritromicina y la azitromicina podemos consumir alcohol de manera moderada (y siendo realmente moderados, que nos conocemos…) sin mayor problema. Remarcamos: con moderación, porque si os pasáis pueden aparecer nauseas, vómitos y diarreas porque tanto el alcohol como el antibiótico afectan a la flora gastrointestinal, irritan la mucosa gástrica… y pueden hasta potenciar una gastritis aguda.

El colega que te dice que hoy te va a pegar el pelotazo, también puede tener razón, pero no va a ser el pelotazo que tú estás esperando. Como ya os explicamos, los antibióticos como el metronidazol y la cloromitecina reaccionan con el alcohol aumentando su toxicidad y produciendo el temido efecto antabus. Y por último, eso de que el alcohol va a reducir o eliminar el efecto del antibiótico también puede ser verdad. Esto ocurre con antibióticos como las cefalosporinas y la doxiciclina. En el caso de las cefalosporinas se reduce la eficacia debido a una acumulación del antibiótico en el cuerpo al no ser metabolizado por el hígado (que le tendríamos ocupado trabajando el alcohol), este supera su espectro de acción y deja de ser efectivo. En cambio, en el caso de la doxiciclina, pierde efectividad ya que se elimina con mayor rapidez.

En conclusión, no podemos meter todos los antibióticos en el mismo saco, en función de qué tipo de antibiótico estemos tomando, podremos o no beber y nos afectará de una manera u otra. El conocimiento es poder, así que esperamos que a partir de ahora os fijéis en que antibiótico estáis tomando y sepáis como actuar y a quien debéis escuchar, aunque os aconsejamos seguir las indicaciones de vuestro médico o farmacéutico, que son los expertos en la materia.

Medicamentos y Cerveza: La tiramina

Siguiendo con esta sección, vamos a dejar de lado el alcohol para hablaros de la interacción entre un tipo de medicamentos y un compuesto que está presente en cerveza y vino. Nos referimos a la interacción entre la tiramina, una sustancia derivada de los aminoácidos, y los inhibidores de la monoamino oxidasa, que son un tipo de antidepresivos. La tiramina se encuentra en cantidades importantes en algunos alimentos como los quesos curados o las carnes procesadas, entre otros, y para nuestra desgracia, también en la cerveza.

Este compuesto se sintetiza mediante una enzima llamada monoamino oxidasa. Por lo que ya os imaginareis que si tomamos un grupo de medicamentos que la inhiben, la tiramina no se sintetizará y comenzará a acumularse en nuestro organismo. Lo que da lugar a un aumento muy brusco de la presión arterial.Los efectos de esta subida de tensión van desde dolor de cabeza, sudoración o taquicardia, hasta cambios en la visión, dificultad para respirar o algo tan grave como es una hemorragia cerebral.

Por eso mismo, no es algo que tomarse a broma, ya que aunque actualmente contamos con antidepresivos modernos que conllevan riesgos menores, estos siguen empleándose en personas a las que el uso de otros antidepresivos no ha dado resultado.

Así que ya sabéis, después de todo lo que os hemos contado: cuando os toque tomar cualquier medicamento, lo primero es leer el prospecto. Y si este nos desaconseja tomar cerveza durante el tratamiento, mejor hacer caso. Que si ya es malo necesitar un medicamento, peor es agravar sus efectos innecesariamente, y la cerveza está hecha para disfrutar con ella.

Medicamentos y Cerveza: Efecto Antabus

A pesar de todo lo que os hemos contado hasta ahora, hay una interacción con el alcohol y algunos medicamentos que se emplea para uso terapéutico. Este es el conocido como efecto Antabus. El alcohol, cuando es metabolizado, primero pasa de alcohol a acetaldehído mediante la acción de la enzima alcohol-deshidrogenasa, y después este acetaldehído se transforma en acetato mediante la acción de la enzima acetaldehído-deshidrogenasa. El acetato ya no es tóxico para el cuerpo y se elimina. En cambio el acetaldehído sigue siendo tóxico para nuestro organismo.

El efecto Antabus es el resultado de la acumulación de acetaldehído, debido a la inhibición de la enzima acetaldehído-deshidrogenasa por un medicamento. Esto provoca enrojecimiento de la cara, dolor de cabeza, mucha sudoración, taquicardias, vómitos, mareos… lo cual no es nada agradable. Se emplea terapéuticamente para tratar el alcoholismo. El medicamento empleado para ocasionar este efecto es el disulfiram. Se administra a los alcohólicos para que si beben después de tomarlo, sientan todos estos efectos y empiecen a asociar la ingesta de alcohol con algo muy desagradable. Algo en plan “La Naranja Mecánica”, para que nos entendamos.

Ya sabéis que a nosotros nos encanta beber, pero siempre, como todo en esta vida, con moderación. Por lo que esperamos que ninguno tenga que usar disulfiram nunca para deshabituarse. Pero os hablamos de ello no solo por su uso terapéutico, sino porque hay otros medicamentos que sí que os puede tocar tomar y que generan el mismo efecto Antabus.

Entre esos medicamentos encontramos algunos antibióticos (metronidazol, cloromitecina), el ketoconazol que se usa para el tratamiento de los hongos o la nitrofurantoína que se usa para la cistitis. Y además existen dos hongos comestibles, el Boletus lividus y el Coprinus atramentarius, que al combinarlos con el alcohol nos ofrecen el mismo resultado. Así que ya sabéis: cuando leáis en el prospecto efecto Antabus, huid de la cerveza si no queréis terminar asociándola a lo peor. Que ya sería gracioso que por no perdonar la cervecita de por la tarde, acabásemos odiando algo que nos apasiona tanto.

Medicamentos y Cerveza: Acidosis Láctica

Tras contaros un poco las principales interacciones de los medicamentos con la cerveza, hoy vamos a hablar de un efecto concreto bastante peliagudo: la acidosis láctica. Esta supone una acumulación de ácido láctico en el cuerpo. Este ácido láctico se genera cuando las células no reciben el oxígeno suficiente para llevar a cabo su metabolismo normal. Es un fenómeno que puede deberse a diferentes enfermedades genéticas poco comunes, así que os estaréis preguntando a cuento de que os hablamos de ello en esta sección.

La razón es que hay medicamentos, como un antidiabético oral bastante empleado que se conoce como metformina, que combinado con el alcohol nos puede traer consecuencias bastante desagradables. La metformina aumenta las posibilidades de que este fenómeno se pueda dar, pero son bajas. El problema viene cuando a este factor, le añadimos otros que lo potencien, en este caso el alcohol. El alcohol disminuye la eficacia de los glóbulos rojos en su labor de transportar el oxígeno a las células. Así que es lógico pensar que el efecto de la metformina y el del alcohol se potencian dándonos más papeletas en la rifa.

Debemos añadir que en este caso, no solo el alcohol influye: llevar muchas horas sin comer, tener alguna infección grave o una diabetes descontrolada, completan el bingo de la acidosis láctica. Pero esto no quiere decir que se requieran todos los factores para que se dé, cada cuerpo es un mundo, y puede que a alguien le baste solo con uno y a quien ni reuniéndolos todos. Lo que está claro es que mejor no jugársela ya que los síntomas van desde dolor de estómago, vómitos, calambres, dificultada para respirar, bajada de temperatura y frecuencia cardiaca, hasta llegar al coma.

Solo queda remarcar que es un fenómeno raro y que bebiendo con moderación y llevando una vida sana, no tiene por qué pasarnos nada. Pero desde luego, mejor huir de las grandes borracheras y evitar los excesos si por alguna razón nos toca tomar estas pastillitas.

Medicamentos y Cerveza: Efectos del Alcohol potenciados.

Después de contaros con qué medicamentos gana el alcohol la batalla por las atenciones de nuestro hígado, hoy toca hablar de contra qué medicamentos pierde el alcohol. En este caso lo que sucede por tanto es que el medicamento es el que inhibe el metabolismo del alcohol, provocando que la concentración de alcohol etílico en sangre sea mayor, ya que este no se metaboliza y permanece en el torrente sanguíneo.

Algunos de los medicamentos que inhiben el metabolismo del alcohol son los antibióticos del grupo de las cefalosporinas; la clorpropamida, que es un antidiabético o el ketoconazol, que es un antifúngico. Como os podréis imaginar, todo esto aumenta la toxicidad del alcohol. Y creo que todos vosotros sabéis que efectos ocasiona una alta cantidad de alcohol en sangre. Desde mareos, náuseas y vómitos, pasando por perdida de la consciencia, fallos hepáticos, coma y, en el peor de los casos, la muerte.

Algunos pensareis que somos unos exagerados, que tenéis aguante para eso y más sin llegar a ninguno de esos efectos, pero pensad que vuestro fiel hígado, el que os da ese aguante y rendimiento, no va a metabolizar mientras estéis con el tratamiento ni una gota del alcohol que derraméis por vuestro gaznate.

Así que creemos que no es algo para tomarse a broma, además de que exceptuando la clorpropamida -que cada vez se usa menos-, el resto son medicamentos se emplean en tratamientos cortos. Por lo que aquí sí que no os la juguéis, que seguro que cuando terminéis de tomar el medicamento y os pidáis una cerveza os va a saber mejor que nunca. Visualizad el momento, jardineros.

Medicamentos y Cerveza: Efectos de las Medicinas potenciados

Como prometimos al introducir esta nueva sección, vamos a informaros un poco más sobre como interactúa la cerveza con ciertos medicamentos en nuestro cuerpo. El alcohol al ser ingerido, pasa al torrente sanguíneo y es transportado al hígado, en el cual se lleva a cabo el metabolismo hepático del alcohol. En ese proceso, diferentes enzimas, se encargan de metabolizarlo y eliminar finalmente su toxicidad.

Algunas de estas enzimas, también se encargan de metabolizar ciertos medicamentos. Esto produce una batalla entre alcohol y medicamento que unas veces gana el alcohol y otras el medicamento. Pero en ambos casos perdemos nosotros. Que se imponga el uno sobre el otro depende del tipo de medicamento.

En el caso de la ciclosporina y medicamentos depresores del sistema nervioso central, tipo ansiolíticos, hipnóticos, opiodes, antihistamínicos, barbitúricos… El que gana es el alcohol. Produce una inhibición de enzimas hepáticas y esto conlleva que el medicamento no se metabolice y se acumule, aumentando así su toxicidad.

Debido a esto, los efectos adversos del medicamento se ven potenciados. Y además, en el caso de los medicamentos que suprimen el sistema nervioso central, nos puede entrar desde un sueñecito a destiempo, hasta sueños más profundos que ya no dan tan buen rollo. Así que en este caso, si os veis en la necesidad de tomar alguno de estos medicamentos, mejor evitar el alcohol. Visto lo visto, sabemos que la idea de beber una cerveza 0’0 os empieza a resultar tentadora.

Medicamentos y Cerveza: Introducción

Seguro que todos vosotros, ya sea de manera ocasional o continuada, habéis tenido que tomar algún medicamento. Y como buenos bebedores de cerveza, habéis temido el momento de leer el prospecto y que este os indique que vais a tener que aparcar vuestra afición. Algunos de estos prospectos te indican algún motivo para prohibir el consumo de alcohol, pero otros se limitan a la prohibición sin más explicación.

Nosotros, que somos muy curiosos, nos negábamos a dejar de beber porque sí, sin mayor explicación. Y antes que saltarnos las indicaciones a la torera y rebelarnos sin mayor información contra el sistema, hemos decidido investigar un poco más sobre el tema y queremos compartirlo con vosotros.

En próximas entradas de esta nueva sección os hablaremos sobre como interactúa el alcohol con algunos medicamentos, algunos efectos concretos e importantes que se deben tener en cuenta y el uso terapéutico en algún caso de estos efectos producidos por la interacción. Y no solo vamos a hablar de alcohol, por desgracia, os hablaremos de algunos medicamentos que interactúan con la cerveza por otros motivos.

Esperamos que toda la información que vayamos dando en esta sección os resulte útil e interesante para aquellos momentos en los que la salud no os acompañe del todo. Aunque somos conscientes de que lloraréis igual cuando el prospecto os impida tomaros una cervecita. Pero al menos podréis pensar en lo que pasaría si lo hicieseis y la idea de tomaros una cerveza sin alcohol no os parecerá tan mala.