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Luis II de Baviera, Loco… por la Cerveza

Si hace un tiempo os hablábamos de Luis I de Baviera (cuya boda cuando aún era príncipe fue el origen de la Oktoberfest) hoy os vamos a hablar de su nieto, Luis II de Baviera. De nombre completo Ludwig Otto Frederik Wilhelm, apodado el "Rey Loco" o también el "Rey Cisne", pasó a la historia por su amor (u obsesión) por el arte y la arquitectura de cuento de hadas.

Luis II de Baviera, Loco… por la Cerveza
Pero también tuvo bastante que ver con la cerveza, y es por eso que hoy os le traemos aquí. Su gran interés por la innovación técnica le llevó a fundar la Facultad de Ciencias Cerveceras de Weihenstephan y la Escuela Politécnica Real de Múnich, donde se enseñaba tecnología cervecera y alimentaria.

Además, por entonces el hacer cerveza de trigo era un privilegio exclusivo de la realeza. Así que él tenía que permitir a los cerveceros hacerla o distribuirla, concediendo el Weissbierregal… como hizo en el año 1872 a la ahora famosa cervecera Schneider Weisse.

Y otra cerveza de trigo, la actual König Ludwig Weissbier, lleva su nombre puesto por su descendiente el príncipe Luitpold de Baviera, miembro de la familia real bávara, que se convirtió en 1955 propietario de la marca de cervezas que se elaboraba en el castillo Kaltenberg, comprado por nuestro Luis II de Baviera.

Así que sí, quizá Luis I de Baviera sea más famoso. Pero no es el único miembro de la Casa Wittelsbach (cuyos colores son los rombos oblicuos azules y blancos del escudo de Baviera) que tenía que ver con la cerveza. ¡Y es que claro, siendo reyes bávaros, qué podíamos esperar!

Luis I de Baviera, una boda muy cervecera

Aunque le traigamos a la sección de personajes cerveceros, la relación de este monarca con la cerveza es indirecta, pero aun así muy mencionable. Y es que Luis I de Baviera fue el que, gracias a su casamiento, dio origen a la archiconocida Oktoberfest. Veamos cómo fueron las cosas.

Luis I de Baviera, una boda muy cervecera
Corría el año 1810 cuando el entonces todavía príncipe Luis (Ludwig) de Baviera, hijo del primer rey bávaro Maximiliano I, iba a contraer matrimonio con la princesa Teresa de Sajonia-Hildburghausen. Eso unía dos casas reales alemanas, y como tal, debía celebrarse a lo grande.

Así que el 12 de octubre de ese año, en el que ahora se conoce como el Theresienwiese (prado de Teresa, llamado luego así en honor a la novia) en pleno Múnich, se montó la fiesta nupcial. El menú no los sabemos, pero como buenos bávaros que eran, seguro que no faltó la cerveza (que cumpliría con la Reinheitsgebot decretada casi tres siglos antes y vigente entonces).

La festividad tuvo tanto éxito que al año siguiente, en 1811, se mandó repetir, añadiendo una feria agrícola a los ya establecidos que festejos, que incluían carreras de caballos y atracciones circenses. Y ya quedó como cita anual… aunque el recuerdo de la boda se pierda en el tiempo y gane protagonismo la cerveza.

Lo único, desde 1872 se adelantó un poco en el tiempo, de manera que empiece a mediados-finales de septiembre, y así pillar unas condiciones meteorológicas más favorables. Pero quitando eso, cada jarra que se levanta de Festbier, es un homenaje a aquellos novios que crearon esta tradición a principios del siglo XIX.

San Arnulfo, Patrón de los Cerveceros

Atendiendo al santoral católico, hoy día 18 de julio se celebra la onomástica de San Arnulfo de Metz. Y diréis, ¿para qué nos contáis esto? ¿Desde cuándo se celebran con religiosidad los domingos y fiestas de guardar? ¿No son para beber cerveza?

Pues precisamente, hermanos, es por lo que os traemos a este santo, un obispo de la región Franca dominada por los merovingios de Austrasia, a mediados del primer milenio d.C. Uno de sus milagros (además, milagro post-mortem) tiene que ver con nuestra bebida favorita.

Cuando su féretro era llevado en comitiva de vuelta a su ciudad, la procesión ceremonial se detuvo en una taberna y los fieles y feligreses pidieron cerveza (por supuesto) para saciar la sed. ¡Y solo quedaba una jarra! Pero San Arnulfo proveyó y, milagrosamente, el contenido de la jarra alcanzó para saciar la sed de toda la muchedumbre, sin llegar a agotarse.

Es por eso que se considera el Patrón de los Cerveceros a San Arnulfo (también conocido como San Arnould o San Arnoldo). Y es por eso que hoy os invitamos a honrar a este santo bebiendo cerveza (por supuesto) y divulgando sus milagros.

El Michael Jackson que amaba la Cerveza

El Michael Jackson que amaba la Cerveza


No vamos a volver a hacer aquí el chiste de compararle con el Rey del Pop, jejeje. Con el vídeo de hoy lo que pretendemos es divulgar la vida y obra del que a su vez fue un gran divulgador de la cerveza: Michael Jackson, el escritor británico que si leéis el Jardín ya conoceréis por sus libros.

Creemos que es importante que más gente le descubra y conozca (y rinda a su vez homenaje) porque es capaz de transmitir muy bien sus conocimientos y su amor por la cerveza. Así que os invitamos a ver y compartir este vídeo que analiza un poco la biografía de “The Beer Hunter”, el cazador de cervezas.

San Lúpulo (de Capua)

Atendiendo al santoral católico, hoy día 14 de octubre se celebra la onomástica de San Lúpulo, un mártir nacido en la ciudad de Capua, en la Campania antigua (actual provincia de Caserta, Italia) y a solo 26 kilómetros de Nápoles.

San Lúpulo (de Capua)
El santo que comparte nombre con nuestra planta trepadora favorita fue un mártir (aunque hay poca información sobre su vida), de una ciudad pródiga en mártires cristianos: San Rufo, San Marcelo, San Pristo, San Quinto… y San Lúpulo. Todos de Capua.

La poca información que tenemos es su aparición en el Martirologio Romano (Martyrologium Romanum ad novam Kalendarii rationem et ecclesiasticae histórice veritatem restitutum, Gregorii XIII Pont. Max. iussu editum, de 1583), y que es venerado como patrón de los trabajadores y tejedores de lana.

Nos pondremos entonces el jersey de cuello alto hoy, y brindaremos con una IPA a la salud del santo con más IBUs de todo el calendario romano (con permiso, por supuesto de Santa Hildegarda de Bingen, que se celebra el 17 de septiembre). ¡Salud!

William Painter, inventor de la chapa (tapón corona)

En 1892 William Painter, un ingeniero irlandés, registra la patente del tapón corona que hoy reconocemos como el medio más habitual para conservar la cerveza en botella (y que tantas entradas de abrebotellas nos ha proporcionado).

William Painter, inventor de la chapa (tapón corona)
Antes de esa fecha las cervezas, como muchas otras botellas carbonatadas, se cerraban con otros sistemas como los tapones mecánicos tan populares aún en referencias alemanas pero que suponían una dificultad añadida en la manufacturación y manejo de las botellas.

El diseño original ha variado poco desde su creación, la parte metálica se separaba del cristal por una fina lámina de corcho que con el tiempo fue sustituida por PVC, se ha acortado un poco la longitud de la falda y de 24 pliegues se ha pasado a 21. Ya en los años 60 se introdujo una versión a rosca que permitía la apertura sin necesidad de abridor, simplemente girando.

La popularidad del invento fue tal que, apenas 30 años después de su invención, Painter tenía fábricas en todos los continentes y su compañía copaba la mitad del mercado mundial de este producto.

Santa Hildegarda de Bingen, Doctora del Lúpulo

Vamos a incluir, en la sección de personajes y hechos históricos que tenemos en El Jardín, a uno de los personajes que más se veneran en el mundo cervecero. Precisamente por su aportación en el uso de la planta que nos da el apellido. El lúpulo.

Santa Hildegarda de Bingen, Doctora del Lúpulo
Santa Hildegarda de Bingen
, una benedictina alemana nacida en el siglo XI, revolucionó el mundo de la cerveza cuando escribió sobre la importancia y los beneficios del lúpulo y acerca de su empleo en su fabricación de la cerveza.

Fue proclamada doctora de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI en 2012. Pese a estar en clausura, actuó como una auténtica erudita de su tiempo y escribió desde tratados de Teología a Mística además de libros sobre ciencias naturales (Physica) y medicina (Cause et cure).

Antes de usar el lúpulo de manera mayoritaria para elaborar cerveza, se utilizaba una mezcla de especias e hierbas que conocemos como “gruit”. Pero eso fue cambiando sobre todo a raíz de las aportaciones de Santa Hildegarda.

Para acabar de implementar el cambio, casi medio milenio después la Reinheitsgebot de 1516 aplicable en Alemania dijo que sólo podía usarse para elaborar cerveza agua, lúpulo y cebada, sellando como definitiva la utilización de esta planta en nuestra bebida favorita.

Kushim: el primer nombre de la Historia

Viendo el otro día Saber y Ganar descubrimos un hecho que desconocíamos y que nos pareció digno de compartir con nosotros. Y es el primer nombre propio, de persona, que tiene registro histórico la humanidad. Imaginamos que ya los cavernícolas tenían nombres que les identificaban unitariamente, pero hemos de esperar obviamente a la invención de la escritura para tener constancia de uno de ellos.

Kushim: el primer nombre de la Historia.
Y el más antiguo que se ha encontrado es este, Kushim, un sumerio de la segunda mitad del cuarto milenio antes de Cristo (3400–3000 a.C., hace más de 5000 años). Su nombre aparece en una tablilla de arcilla, en escritura pictográfica cuneiforme (era lo que se llevaba entonces), y es el primero que conocemos.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la cerveza? Pues que dicha tabilla reza, de derecha a izquierda: “29.086 medidas de cebada 37 meses Kushim”, registrando lo que parece ser una gran transacción de cebada para elaborar cerveza, hecha en un plazo de tres años y pico, y registrada por el susodicho Kushim.

Se especula (por supuesto, nadie de la época nos lo puede confirmar) con que Kushim pudiese ser el nombre del maestro cervecero, o más probablemente de un contable o administrador que anotara las transacciones. Lo que está claro es que la cerveza era lo suficientemente importante para necesitar que alguien con nombre propio diese fe de todo esto y marcar un acontecimiento histórico.

Factos etílicos: Peter O'Toole y amigos

Hubo una época en la que todo se veía con otra perspectiva. Una época en la que el consumo excesivo de sustancias no estaba tan mal visto. Los escritores consumían opio, los refrescos llevaban cocaína, los médicos fumaban en la consulta y los actores tenían problemas con el alcohol. Bueno, esto sigue pasando, pero antes esos problemas no eran “problemas”. ¡Daban para anécdotas!

Y un buen ejemplo de ello era Peter O'Toole (actor irlandés, conocido por Lawrence de Arabia), que bebía como si no hubiera un mañana. Tanto que una vez estaba con Peter Finch (actor australiano y también gran bebedor) en un pub irlandés, y como no les servían más porque iban a cerrar… ¡le dieron un cheque al propietario por valor del club! (No se lo aceptó, pero oye, se hicieron amigos e imaginamos que bebieron más).

También, por ejemplo, Oliver Reed (actor inglés) se bebió 126 pintas de cerveza en 24 horas… ¡Muy por encima de los niveles recomendados de consumo máximo! Viendo esto… es normal que Peter O'Toole afirmase cosas como “Disfruté la época en la que uno iba a tomarse una cerveza en París y acababa despertándose en Córcega".

Claro que eso acaba llevando a cosas malas, como lo que decían Richard Harris y Richard Burton: “Llegamos a la conclusión de que la tragedia de nuestras vidas era la cantidad de cosas que no recordábamos, porque estábamos entonces demasiado borrachos para recordar". Bueno, eso y la salud. Peter O'Toole acabó con graves complicaciones por el alcoholismo, tanto que le tuvieron que extirpar el páncreas y parte del estómago. Y con muchos amigos suyos ni llegaron a viejos. Así que, aunque la moderación os de menos anécdotas… ¡No sigáis estos ejemplos!

Michael Jackson, el Beer-Hunter

Si hay un personaje influyente en el siglo XX en el mundo de las cervezas, este es Michael Jackson. No, el rey del pop no; el escritor (ya, sabemos que siempre hacemos este chiste; él se lo tomaba a guasa igual). La cosa es que este divulgador, aficionado y especializado en la cerveza y el whisky, tiene un papel muy importante en cómo es el panorama actual cervecero.

Nacido en Inglaterra en 1942 (y fallecido en 2007), durante las décadas de los 70, 80 y 90 escribió varios libros de temática cervecera (entre los cuales se encuentra este que ya reseñamos hace tiempo). Os recomendamos encarecidamente leer todos los que encontréis. En ellos definió (y en gran parte seguimos usando esas definiciones) la mayor parte de los estilos locales existentes de cerveza, agrupándolos en familias y explicando su historia y características.

Pero claro, todo eso en libros, que toca leer. Así que quizá ayudó también a su popularización la serie de televisión que desarrolló en Discovery Channel a comienzos de los 90, titulada “The Beer Hunter” donde recorría diversos países y hablaba de sus tradiciones cerveceras. Os recomendamos tanto leer los libros (que no son fáciles de encontrar en castellano) como ver la serie (que sí que se encuentra subtitulada en internet).

Si alguien ha sido capaz de hacer llegar la cerveza a tanto público, establecer las características e historia de los principales estilos y hasta de crear el epíteto con el que nos definirían a partir de entonces a los cazadores de cervezas, se merece sin duda nuestro reconocimiento. Alzamos nuestra cerveza en su honor, deseándole que esté allí, en el cielo pastafari esperándonos. ¡Salud!

El lechero que salvó un estilo de cerveza

El estilo de cerveza de trigo conocido como Witbier o Blanche era muy habitual en el norte de Francia y Bélgica. Desde la Edad Media hasta el siglo XIX gran cantidad de cerveceras de esta región la elaboraban y a sus gentes le encantaba. Pero al llegar el siglo XX y la proliferación de las “rubias”, las cosas cambiaron y este estilo se dejo de fabricar quedando en el olvido para muchos.

Pero no todo el mundo pudo olvidarla y aquí entra en acción el que podría ser el héroe de nuestro comic cervecero. Un lechero amante de la Witbier que no pudo permitir que esta cayese en el olvido para el resto de la eternidad, Pierre Celis.

Este hombre creció trabajando en la granja ganadera de su padre (y ayudando en la cervecería de su vecino) y tras casarse se hizo lechero, pero la misión de salvar este estilo que les gustaba y ya no se hacía le hizo convertirse en cervecero. Diez años después de que la última cervecera que producía esta cerveza cerrase, Celis decidió abrir su cervecera y elaborar una Witbier que bautizaría con el nombre de la ciudad de Hoegaarden.

Tras un incendio en los 80, debido a que no tenía nada asegurado, se vio obligado a vender su cervecera a lo que fue InBev, marchó a los Estados Unidos donde en Texas construyo otra fábrica cervecera que tuvo mucho éxito con su “Celis White”, la cual termino también perteneciendo a SAB Miller (que hoy en día, como sabéis, pertenece también a AB InBev).

Pierre regresó a Europa y colaboró con otros cerveceros siguiendo así con su misión de rescatar estilos del olvido (o incluso crear alguno nuevo). Nos abandonó al fallecer en abril del 2011, pero el legado que dejó continúa y gracias a él podemos seguir disfrutando de este estilo belga tan refrescante para el verano.