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¿Ayuda la cerveza a la recuperación tras entrenar o hacer ejercicio?



Vuelve con nuestra sección de Vídeo-Blogger una semana más nuestro experto, Rodrigo, pero esta vez con su traje de su trabajo de profe de Educación Física ya que va a hablar del tema de la cerveza y el deporte, y si esta ayuda a la recuperación después de entrenar o ir al gimnasio. ¡Esas cañitas al salir, que tanto nos gustan!

Todo ello hablando, por supuesto, de los aportes beneficiosos de las vitaminas (gracias a la levadura de la cerveza) o los hidratos de carbono de la malta de cebada, pero también de cómo afecta el alcohol a nuestro metabolismo y a la síntesis proteica. Así que veremos si es mejor tomar una “sin o una “0,0” que una con más grados. ¿Vosotros qué creéis?

El Bisfenol A y su presencia en Envases y Latas

El Bisfenol A y su presencia en Envases y Latas


La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha rebajado sustancialmente la cantidad de Bisfenol A (BPA) que resulta segura en nuestra dieta, por considerar muy peligrosa su transferencia a las bebidas y alimentos desde los envases.

Es por ello que las latas de cerveza (o de refresco o de conserva) están en el punto de mira. Pero… ¿Qué es el Bisfenol A? ¿Se puede utilizar en España o está prohibido? ¿Cuáles son sus efectos en la salud? Ved el vídeo y ahí os lo contamos bien resumidito.

¿Quieres cuidar tu hígado? Sigue estos consejos

A ver, que ya sabemos que el alcohol es malo en sí mismo. Y que para estar perfectamente sanos lo mejor es el consumo cero. Pero eso tampoco haría que vivas eternamente (aunque el no poder beber cerveza haría que se nos hiciese casi eterno, es cierto). Por eso los hepatólogos (médicos expertos en el hígado) han decidido dar una serie de pautas realistas que aconsejar a los que quieran seguir disfrutando de sus bebidas alcohólicas favoritas, con moderación, por supuesto.

Y la primera es que demos días de descanso al hígado. Al menos, tres días seguidos a la semana. 72 horas en las que no haya ningún tipo de consumo alcohólico para que pueda regenerarse (por suerte es un órgano bastante eficiente en eso).

La segunda es que, los días que bebamos, lo hagamos con moderación. Y cuantifican esa moderación: no tomar más de cinco unidades de alcohol de una sentada y que no superen las 10 a la semana. Pero tenemos malas noticias: no se refieren a pintas.

Las unidades de alcohol dependen del volumen alcohólico de lo que consumas. Y un botellín de 33cl de una lager de 5% vol. ya suma 1,5 unidades. Así que no mucho más de un litro los días que bebas… y no más de dos litros y medio a la semana. Si hablamos de Doble IPAs de 9% vol, pues la mitad: ¡Como mucho una pinta inglesa!

Así que ya sabéis. Seguid estos consejos que no queremos perder lectores. Nosotros elegiremos a algún becario para ver qué pasa si no cumples estas normas (es muy difícil educarles y ponerles límites) y os iremos contando. Pero vosotros bebed cerveza con moderación. ¡Y nada de perder las unidades de alcohol bebiendo por ahí chupitos o licores peleones!

¿Sabías que…? El ácido úrico y la cerveza

Los que padecen la enfermedad llamada Gota lo saben muy bien: el consumo de cerveza se lleva mal con su afección. Bastante peor que otras bebidas alcohólicas de graduación similar e incluso mayor (como el vino). ¿Y eso por qué es?

El ácido úrico y el lúpulo
Porque la Gota es una artritis (hinchazón y dolor en las articulaciones) que se produce por la acumulación de cristales de urato, fruto de la presencia de ácido úrico en sangre… y que a su vez se produce por la descomposición de las purinas (que tenemos o ingerimos).

Y precisamente, la cerveza es muy rica en purinas debido a la presencia de estas en el lúpulo. Así que ni siquiera las cervezas sin alcohol se salvan de la exclusión, junto con el marisco, las carnes rojas y las bebidas azucaradas. ¡Y las IPA se van directas a la zona de prohibido!

Como mucho, imaginamos (no tenemos base científica, ojo, solo lógica) que las cervezas sin lúpulo, como las tradicionales Gruit, no sean tan lesivas. La única pena es que se vean tan poco a menudo cervezas de ese estilo en el mercado. Ahora el rey es el Humulus Lupulus.

¿Sabías que…? La levadura y la insulina

La insulina, por si no lo sabíais, es una hormona que interviene en el organismo sobre todo para metabolizar los azúcares, regulando la cantidad de glucosa de la sangre. Cuando su función no se realiza adecuadamente, es cuando se padece diabetes. Y entonces se ha de aportar de manera externa.

¿Sabías que…? La levadura y la insulina
Anteriormente se utilizaba insulina animal (de vaca o cerdo) o insulina humana como tratamiento para los diabéticos. Pero actualmente se usan, con mayor eficacia, análogos de insulina que se obtienen incorporando genes humanos a células de levadura (Saccharomyces cerevisiae).

Sí, la misma levadura que nos da el pan o la cerveza, si se modifica genéticamente, nos puede dar, mediante tecnología del ADN recombinante, insulina aspártica, que es de absorción más rápida.

Así que, gracias a este hongo, los pacientes que tienen diabetes pueden controlar mejor y más rápido las subidas de azúcar, pudiendo disfrutar así (con moderación, por supuesto) de otros de los bienes que nos proporciona este pequeño microorganismo, como nuestra adorada cerveza.

¿Funciona la homeopatía contra la resaca cervecera?

Desde El Jardín del Lúpulo la cuestión de la interacción entre medicamentos y cerveza siempre nos ha preocupado mucho. Y como ahora se habla tanto y debate sobre la homeopatía, no queríamos dejar pasar la oportunidad de dar nuestra opinión y argumentar un caso práctico sobre esta medicina ¿alternativa? o ¿pseudo? ciencia.

¿Funciona la homeopatía contra la resaca cervecera?
Para los que no tengan muy claro qué es, el principio básico de la homeopatía (del griego hómoios, “igual”, y páthos, “dolencia”) es tratar las enfermedades con lo mismo que las causa o que produce esos síntomas. “Lo similar cura lo similar”. Eso en el mundo cervecero anglosajon tiene hasta una expresión: “Hair of the dog that bit you”, que viene a decir que la resaca se cura bebiendo más alcohol.

Estás prácticas tienen sus riesgos si tomas demasiada “medicina”. Puede que un Bloody Mary sirva como reconstituyente… Pero dudamos que meterte una Brewdog Tokyo* te vaya ayudar a mejorar los síntomas de la resaca. Samuel Hahnemann, el inventor de la homeopatía, tenía esto claro, por lo que inventó que había que hacer una disolución del principio homeopático en agua. Lo curioso es que cuanto más lo diluyas en agua y más repitas este proceso, más potente se supone que es el resultado.

Obviamente, nosotros, con nuestro pensamiento crítico, independiente e iconoclasta y amantes como somos del método científico (gracias a una educación de calidad en la enseñanza pública)… decidimos no creérnoslo sin más. Y antes de apoyarlo, hacer la prueba aprovechando que, un día más, nos levantábamos con resaca.

Medicamentos y Cerveza: Antibióticos

Estamos seguros de que todos, en alguna o varias ocasiones, nos hemos visto obligados a tomar algún antibiótico, y que el médico o el prospecto nos han desaconsejado tomar alcohol. También sabemos que si en ese periodo quedas en el bar con los colegas, hay ciertas frases que vas a oír: “Pídete una cerveza, si sólo te va a subir antes el alcohol, encima te sale barato emborracharte hoy”, “Por una cerveza tampoco te va a pasar nada, como mucho te hace menos efecto la pastilla”.

¿Dónde está el mito y donde la verdad? ¿Quién tiene razón? ¿El médico que te dice que no tomes alcohol? ¿El colega que te dice que solo reduce el efecto del antibiótico? ¿El que te dice que solo te va a afectar más el alcohol? Para responder a estas preguntas debemos darnos cuenta para empezar, que hablar de antibióticos es algo muy genérico. No todos son iguales, ni sirven para lo mismo, ni reaccionan igual ante el alcohol. El consejo de tu médico es el más acertado, mejor evitar el consumo de alcohol, ya que reacciona con la mayoría de antibióticos. Pero en el caso de la amoxicilina, el ácido clavulánico, la eritromicina y la azitromicina podemos consumir alcohol de manera moderada (y siendo realmente moderados, que nos conocemos…) sin mayor problema. Remarcamos: con moderación, porque si os pasáis pueden aparecer nauseas, vómitos y diarreas porque tanto el alcohol como el antibiótico afectan a la flora gastrointestinal, irritan la mucosa gástrica… y pueden hasta potenciar una gastritis aguda.

El colega que te dice que hoy te va a pegar el pelotazo, también puede tener razón, pero no va a ser el pelotazo que tú estás esperando. Como ya os explicamos, los antibióticos como el metronidazol y la cloromitecina reaccionan con el alcohol aumentando su toxicidad y produciendo el temido efecto antabus. Y por último, eso de que el alcohol va a reducir o eliminar el efecto del antibiótico también puede ser verdad. Esto ocurre con antibióticos como las cefalosporinas y la doxiciclina. En el caso de las cefalosporinas se reduce la eficacia debido a una acumulación del antibiótico en el cuerpo al no ser metabolizado por el hígado (que le tendríamos ocupado trabajando el alcohol), este supera su espectro de acción y deja de ser efectivo. En cambio, en el caso de la doxiciclina, pierde efectividad ya que se elimina con mayor rapidez.

En conclusión, no podemos meter todos los antibióticos en el mismo saco, en función de qué tipo de antibiótico estemos tomando, podremos o no beber y nos afectará de una manera u otra. El conocimiento es poder, así que esperamos que a partir de ahora os fijéis en que antibiótico estáis tomando y sepáis como actuar y a quien debéis escuchar, aunque os aconsejamos seguir las indicaciones de vuestro médico o farmacéutico, que son los expertos en la materia.

Medicamentos y Cerveza: La tiramina

Siguiendo con esta sección, vamos a dejar de lado el alcohol para hablaros de la interacción entre un tipo de medicamentos y un compuesto que está presente en cerveza y vino. Nos referimos a la interacción entre la tiramina, una sustancia derivada de los aminoácidos, y los inhibidores de la monoamino oxidasa, que son un tipo de antidepresivos. La tiramina se encuentra en cantidades importantes en algunos alimentos como los quesos curados o las carnes procesadas, entre otros, y para nuestra desgracia, también en la cerveza.

Este compuesto se sintetiza mediante una enzima llamada monoamino oxidasa. Por lo que ya os imaginareis que si tomamos un grupo de medicamentos que la inhiben, la tiramina no se sintetizará y comenzará a acumularse en nuestro organismo. Lo que da lugar a un aumento muy brusco de la presión arterial.Los efectos de esta subida de tensión van desde dolor de cabeza, sudoración o taquicardia, hasta cambios en la visión, dificultad para respirar o algo tan grave como es una hemorragia cerebral.

Por eso mismo, no es algo que tomarse a broma, ya que aunque actualmente contamos con antidepresivos modernos que conllevan riesgos menores, estos siguen empleándose en personas a las que el uso de otros antidepresivos no ha dado resultado.

Así que ya sabéis, después de todo lo que os hemos contado: cuando os toque tomar cualquier medicamento, lo primero es leer el prospecto. Y si este nos desaconseja tomar cerveza durante el tratamiento, mejor hacer caso. Que si ya es malo necesitar un medicamento, peor es agravar sus efectos innecesariamente, y la cerveza está hecha para disfrutar con ella.

Medicamentos y Cerveza: Efecto Antabus

A pesar de todo lo que os hemos contado hasta ahora, hay una interacción con el alcohol y algunos medicamentos que se emplea para uso terapéutico. Este es el conocido como efecto Antabus. El alcohol, cuando es metabolizado, primero pasa de alcohol a acetaldehído mediante la acción de la enzima alcohol-deshidrogenasa, y después este acetaldehído se transforma en acetato mediante la acción de la enzima acetaldehído-deshidrogenasa. El acetato ya no es tóxico para el cuerpo y se elimina. En cambio el acetaldehído sigue siendo tóxico para nuestro organismo.

El efecto Antabus es el resultado de la acumulación de acetaldehído, debido a la inhibición de la enzima acetaldehído-deshidrogenasa por un medicamento. Esto provoca enrojecimiento de la cara, dolor de cabeza, mucha sudoración, taquicardias, vómitos, mareos… lo cual no es nada agradable. Se emplea terapéuticamente para tratar el alcoholismo. El medicamento empleado para ocasionar este efecto es el disulfiram. Se administra a los alcohólicos para que si beben después de tomarlo, sientan todos estos efectos y empiecen a asociar la ingesta de alcohol con algo muy desagradable. Algo en plan “La Naranja Mecánica”, para que nos entendamos.

Ya sabéis que a nosotros nos encanta beber, pero siempre, como todo en esta vida, con moderación. Por lo que esperamos que ninguno tenga que usar disulfiram nunca para deshabituarse. Pero os hablamos de ello no solo por su uso terapéutico, sino porque hay otros medicamentos que sí que os puede tocar tomar y que generan el mismo efecto Antabus.

Entre esos medicamentos encontramos algunos antibióticos (metronidazol, cloromitecina), el ketoconazol que se usa para el tratamiento de los hongos o la nitrofurantoína que se usa para la cistitis. Y además existen dos hongos comestibles, el Boletus lividus y el Coprinus atramentarius, que al combinarlos con el alcohol nos ofrecen el mismo resultado. Así que ya sabéis: cuando leáis en el prospecto efecto Antabus, huid de la cerveza si no queréis terminar asociándola a lo peor. Que ya sería gracioso que por no perdonar la cervecita de por la tarde, acabásemos odiando algo que nos apasiona tanto.

Medicamentos y Cerveza: Acidosis Láctica

Tras contaros un poco las principales interacciones de los medicamentos con la cerveza, hoy vamos a hablar de un efecto concreto bastante peliagudo: la acidosis láctica. Esta supone una acumulación de ácido láctico en el cuerpo. Este ácido láctico se genera cuando las células no reciben el oxígeno suficiente para llevar a cabo su metabolismo normal. Es un fenómeno que puede deberse a diferentes enfermedades genéticas poco comunes, así que os estaréis preguntando a cuento de que os hablamos de ello en esta sección.

La razón es que hay medicamentos, como un antidiabético oral bastante empleado que se conoce como metformina, que combinado con el alcohol nos puede traer consecuencias bastante desagradables. La metformina aumenta las posibilidades de que este fenómeno se pueda dar, pero son bajas. El problema viene cuando a este factor, le añadimos otros que lo potencien, en este caso el alcohol. El alcohol disminuye la eficacia de los glóbulos rojos en su labor de transportar el oxígeno a las células. Así que es lógico pensar que el efecto de la metformina y el del alcohol se potencian dándonos más papeletas en la rifa.

Debemos añadir que en este caso, no solo el alcohol influye: llevar muchas horas sin comer, tener alguna infección grave o una diabetes descontrolada, completan el bingo de la acidosis láctica. Pero esto no quiere decir que se requieran todos los factores para que se dé, cada cuerpo es un mundo, y puede que a alguien le baste solo con uno y a quien ni reuniéndolos todos. Lo que está claro es que mejor no jugársela ya que los síntomas van desde dolor de estómago, vómitos, calambres, dificultada para respirar, bajada de temperatura y frecuencia cardiaca, hasta llegar al coma.

Solo queda remarcar que es un fenómeno raro y que bebiendo con moderación y llevando una vida sana, no tiene por qué pasarnos nada. Pero desde luego, mejor huir de las grandes borracheras y evitar los excesos si por alguna razón nos toca tomar estas pastillitas.

Medicamentos y Cerveza: Efectos del Alcohol potenciados.

Después de contaros con qué medicamentos gana el alcohol la batalla por las atenciones de nuestro hígado, hoy toca hablar de contra qué medicamentos pierde el alcohol. En este caso lo que sucede por tanto es que el medicamento es el que inhibe el metabolismo del alcohol, provocando que la concentración de alcohol etílico en sangre sea mayor, ya que este no se metaboliza y permanece en el torrente sanguíneo.

Algunos de los medicamentos que inhiben el metabolismo del alcohol son los antibióticos del grupo de las cefalosporinas; la clorpropamida, que es un antidiabético o el ketoconazol, que es un antifúngico. Como os podréis imaginar, todo esto aumenta la toxicidad del alcohol. Y creo que todos vosotros sabéis que efectos ocasiona una alta cantidad de alcohol en sangre. Desde mareos, náuseas y vómitos, pasando por perdida de la consciencia, fallos hepáticos, coma y, en el peor de los casos, la muerte.

Algunos pensareis que somos unos exagerados, que tenéis aguante para eso y más sin llegar a ninguno de esos efectos, pero pensad que vuestro fiel hígado, el que os da ese aguante y rendimiento, no va a metabolizar mientras estéis con el tratamiento ni una gota del alcohol que derraméis por vuestro gaznate.

Así que creemos que no es algo para tomarse a broma, además de que exceptuando la clorpropamida -que cada vez se usa menos-, el resto son medicamentos se emplean en tratamientos cortos. Por lo que aquí sí que no os la juguéis, que seguro que cuando terminéis de tomar el medicamento y os pidáis una cerveza os va a saber mejor que nunca. Visualizad el momento, jardineros.

Medicamentos y Cerveza: Efectos de las Medicinas potenciados

Como prometimos al introducir esta nueva sección, vamos a informaros un poco más sobre como interactúa la cerveza con ciertos medicamentos en nuestro cuerpo. El alcohol al ser ingerido, pasa al torrente sanguíneo y es transportado al hígado, en el cual se lleva a cabo el metabolismo hepático del alcohol. En ese proceso, diferentes enzimas, se encargan de metabolizarlo y eliminar finalmente su toxicidad.

Algunas de estas enzimas, también se encargan de metabolizar ciertos medicamentos. Esto produce una batalla entre alcohol y medicamento que unas veces gana el alcohol y otras el medicamento. Pero en ambos casos perdemos nosotros. Que se imponga el uno sobre el otro depende del tipo de medicamento.

En el caso de la ciclosporina y medicamentos depresores del sistema nervioso central, tipo ansiolíticos, hipnóticos, opiodes, antihistamínicos, barbitúricos… El que gana es el alcohol. Produce una inhibición de enzimas hepáticas y esto conlleva que el medicamento no se metabolice y se acumule, aumentando así su toxicidad.

Debido a esto, los efectos adversos del medicamento se ven potenciados. Y además, en el caso de los medicamentos que suprimen el sistema nervioso central, nos puede entrar desde un sueñecito a destiempo, hasta sueños más profundos que ya no dan tan buen rollo. Así que en este caso, si os veis en la necesidad de tomar alguno de estos medicamentos, mejor evitar el alcohol. Visto lo visto, sabemos que la idea de beber una cerveza 0’0 os empieza a resultar tentadora.

Medicamentos y Cerveza: Introducción

Seguro que todos vosotros, ya sea de manera ocasional o continuada, habéis tenido que tomar algún medicamento. Y como buenos bebedores de cerveza, habéis temido el momento de leer el prospecto y que este os indique que vais a tener que aparcar vuestra afición. Algunos de estos prospectos te indican algún motivo para prohibir el consumo de alcohol, pero otros se limitan a la prohibición sin más explicación.

Nosotros, que somos muy curiosos, nos negábamos a dejar de beber porque sí, sin mayor explicación. Y antes que saltarnos las indicaciones a la torera y rebelarnos sin mayor información contra el sistema, hemos decidido investigar un poco más sobre el tema y queremos compartirlo con vosotros.

En próximas entradas de esta nueva sección os hablaremos sobre como interactúa el alcohol con algunos medicamentos, algunos efectos concretos e importantes que se deben tener en cuenta y el uso terapéutico en algún caso de estos efectos producidos por la interacción. Y no solo vamos a hablar de alcohol, por desgracia, os hablaremos de algunos medicamentos que interactúan con la cerveza por otros motivos.

Esperamos que toda la información que vayamos dando en esta sección os resulte útil e interesante para aquellos momentos en los que la salud no os acompañe del todo. Aunque somos conscientes de que lloraréis igual cuando el prospecto os impida tomaros una cervecita. Pero al menos podréis pensar en lo que pasaría si lo hicieseis y la idea de tomaros una cerveza sin alcohol no os parecerá tan mala.

Debate: Alcohol y Antibióticos

¿Hay algún médico en la sala? Con esta frase tan típica de las películas queremos hacer un llamamiento a que nos ayudéis a resolver una de las preguntas más habituales desde que eres adolescente y quieres saber si puedes beber con tus amigos a la vez que te curas esa infección.

Porque tras tantos años, os juramos que no acabamos de entender si puedes beber alcohol mientras estás con un tratamiento de antibióticos. Muchas veces en el prospecto no pone nada; otras sí.

También nos han dicho que lo que pasa es que el metabolismo hepático se acelera con la ingesta alcohólica y que eso favorece la eliminación más rápida del antibiótico y reduce la efectividad del tratamiento.

Pero vamos, que no tenemos ni idea. Y seguro que alguno de los que nos leéis sabéis bastante más sobre el tema y podéis ayudarnos (a nosotros y al resto de los lectores, que seguro se han visto en un momento u otro en esta situación). Así que: Doctor, doctor, ¿es grave?

Beber Alcohol con Moderación

Aun sabiendo todo lo anteriormente comentado en las otras entradas sobre cerveza y salud, hay que dejar bien claro que el alcohol es perjudicial para el organismo, ya que el consumo mantenido de cantidades excesivas de bebidas alcohólicas se asocia al desarrollo de un síndrome de dependencia al alcohol o alcoholismo, pero también a múltiples enfermedades crónicas que eventualmente pueden tener fatal desenlace.

Así, deben señalarse los efectos del consumo excesivo de alcohol sobre el hígado, páncreas, sistema nervioso y aparato locomotor, así como los deterioros psicoorgánicos, trastornos psicóticos y otros problemas psiquiátricos asociados. Asimismo, consumido en dosis altas, el etanol es indudablemente un tóxico para todo el sistema cardiovascular, ya que daña tanto el miocardio como los propios vasos sanguíneos.

Otro punto importante a tener en cuenta es el patrón de consumo, tanto la cantidad como la frecuencia de la ingesta. Hay evidencias científicas que indican que el menor perjuicio se consigue cuando el consumo, siempre moderado, de alcohol es regular y efectuado durante las principales comidas, y no cuando el consumo es en cantidades semanales similares pero limitado y concentrado en uno o dos días a la semana. Además, como ya sabéis, existen situaciones especiales en las que no es en absoluto recomendable consumir bebidas alcohólicas, ni siquiera en dosis bajas o muy bajas, como durante el embarazo y lactancia, cuando se va a conducir o con determinadas medicaciones o enfermedades.

En conclusión, os seguimos recomendando (o no, según el caso de cada una) el consumo de las cervezas que os describimos y reseñamos, pero siempre con mucha moderación. Concretamente las recomendaciones actuales son de 20 gramos de alcohol al día para los hombres y 10 gramos para las mujeres, como máximo. Así que disfrutad de la buena birra, pero no os paséis.

Beneficios Saludables de la Cerveza

La cerveza es una bebida de base natural con más de 400 componentes diferentes en ella, tanto procedentes directamente de las materias primas utilizadas para su elaboración como por consecuencia de la transformación realizada a lo largo del proceso. Todos esos componentes le dan a la cerveza un buen puñado de propiedades positivas que tiene su consumo en el organismo humano.

Por ejemplo, la cerveza es una buena fuente de folatos, los cuales previenen la anemia megaloblástica, disfunciones cardiovasculares, infarto de miocardio y el adenoma colorectal. Además contiene flavonoides, los cuales tienen propiedades antiinflamatoras y antialérgicas, reduciendo además el riesgo de inflamación por infarto de miocardio y la prevención y tratamiento de la osteoporosis.

La fibra soluble que contiene la cerveza, contribuye a evitar el estreñimiento y rebajar la hipercolesterolemia. Pero es que también es una bebida baja en sodio y con una relación potasio-sodio alta, lo cual le confiere un efecto diurético y puede ser recomendada en dietas hiposódicas.

Y, como vimos gracias a la levadura, aporta una cantidad considerable de proteínas, vitaminas del grupo B, magnesio y cromo. Recordemos que reduce la mortalidad por enfermedad cardiovascular debido al aumento en los niveles de colesterol HDL y a la reducción en la agregación plaquetaria.

Además hay que tener en cuenta las calorías aportadas por la cerveza, ya que sólo el alcohol que contiene aporta 7kcal/gramo, así, a mayor graduación, mayor aporte energético en la misma cantidad de líquido. Eso sí, el consumo moderado de alcohol en individuos adultos y sanos, tiene efectos positivos en comparación con personas abstemias.

Por todo ello, podemos concluir que la cerveza, en cantidades moderadas (algo no superior a medio litro al día en hombres y un cuarto de litro en mujeres, dicen) puede formar parte de una dieta saludable en individuos sanos. Y no nos lo inventamos, ojo. Lo dicen en sitios como este, este o este.

Levadura de Cerveza y sus Beneficios.

La levadura de cerveza es un hongo unicelular denominado Saccharomyces Cerevisiae que se utiliza como bien sabéis para fermentar los azucares de la malta. Una vez obtenida la cerveza, se puede lavar y secar para utilizarla para el consumo humano. Aunque hay más formas de consumo, a nosotros habitualmente sólo nos interesa una de ellas: dentro de la cerveza.

Aun así, la levadura de cerveza tiene muchas propiedades saludables ampliamente demostradas a lo largo de los años, algunas de las cuales os vamos a resumir: Es rica en vitaminas del grupo B, como el ácido fólico, que ayudan a mejorar la piel y favorecer la regeneración y el crecimiento de pelo y uñas. Aporta proteínas y aminoácidos esenciales, así como nucleótidos, muchos de los cuales el cuerpo humano no es capaz de sintetizar y necesita obtenerlos de la alimentación. Esto ayuda al aumento de la masa muscular en deportistas y personas que consumen poca cantidad de carne.

También contiene cromo, que contribuye al metabolismo normal de los macronutrientes y a mantener niveles normales de glucosa en sangre. Además, colabora en la reducción del colesterol LDL, gracias a los beta-glucanos de sus paredes estructurales. Tiene alto contenido en hierro, por lo que es beneficiosa para aquellas personas que tiene anemia. Fortalece el sistema inmune, gracias a su contenido en selenio y es rica en fibra, lo cual favorece a mantener un buen tránsito intestinal.

Ojo, que como todo, está recomendado dentro de una dieta saludable y con moderación, porque todo exceso es perjudicial para la salud: no por tomar cantidades ingentes va a ser mejor para nuestros cuerpos serranos, así que no pongáis todo esto como excusa para beber más cerveza, que sabemos que es vuestra principal fuente de levadura.

Ah, y todo esto no nos lo hemos inventado, lo hemos sacado de libros y webs como esta, esta o esta, por citar algunas. Así que podéis confiar en nosotros y empezar a ver la cerveza (y su levadura) como un alimento saludable de la dieta.