El sábado nueve de mayo tuvo lugar el Fresh Fest, una feria de cerveza organizada por la cervecera Oso Brew, en la que participaron quince cerveceras de España, Europa y Canadá, además de varias madrileñas. La localización en el MEEU (siglas de Madrid Exposiciones y Eventos Urbanos), junto a la estación de ferrocarril de Chamartín - Clara Campoamor y terminal de autobuses en Plaza de Castilla, fue un acierto, ya que permitía acceder fácilmente al evento en transporte público.
A pesar de estar lloviendo a cantaros cuando abrieron por la mañana, la cola para entrar desde antes de las doce era literalmente kilométrica. Sin embargo, el ambiente era de lo más relajado. Desde la cola se podía ver a través de los cristales el interior del local en el que el personal iba ultimando los detalles, y eso generó cierta preocupación por que no se pudiera acceder a la hora prevista.
Justo antes de la hora, aparecieron varios voluntarios de Oso Brew verificando las entradas y repartiendo las pulseras, por lo que la entrada fue muy rápida y fluida. Una vez dentro, se recogía la copa y un díptico muy bien maquetado en el que estaban detalladas todas las cerveceras presentes y los estilos que iba a servir cada una en cada turno.
Se habían vendido todas las entradas, tanto de la sesión de la mañana como de la tarde, (setecientas cincuenta por sesión, se supone). Como la superficie del local es de más de mil metros cuadrados, en ningún momento hubo la sensación de aglomeración. Aunque algunos puestos tuvieran puntualmente largas colas (máximo 10 minutos de espera en puestos altamente demandados), en general el servicio fue razonablemente rápido.
El público había comprado con antelación las entradas para el turno de la mañana (de doce a dieciséis) o de la tarde (de diecisiete a veintiuno), o para ambos. La entrada daba derecho a consumo ilimitado, en la copa también incluida (la reglamentaria copa de cata de 20 cl que se suele utilizar en las catas).
Todos los puestos eran iguales estéticamente y en tamaño, lo que hacía que lo que importara fuera el producto, no la imagen o el marketing. Cada cervecera contaba con su puesto, con dos o cuatro grifos, exceptuando Tommie Sjef, que servía sus blends desde botellas de tres cuartos. Al lado de la entrada estaba un puesto compartido por varias cerveceras madrileñas. En total se pudieron degustar ciento veinte cervezas (que, por supuesto, aunque nos esforzamos no pudimos catar todas).
Por la lluvia, no todo el rato pudimos disfrutar de la zona exterior (a la tarde un poco más, quitando un par de diluvios), pero es una zona en la que puede haber muchas posibilidades si el tiempo lo permite, añadiendo más sillas y mesas e incluso música en directo (pero que no quite protagonismo a la cerveza, como en otros festivales).
El personal de mantenimiento del local era muy profesional manteniendo constantemente las instalaciones impecables, tanto en orden como en higiene, el suelo, las mesas y sobre todo los baños (lo más usado). Muchos asistentes llevábamos cositas de picoteo que compartimos con los compañeros de mesa, aunque también hubo venta de comida. En las ferias de todo el día este es un factor muy importante. En una de 4 horas (y acabando justo para poder comer o cenar, no tanto).
Algunas referencias cervezas se acabaron antes de terminar el turno y chaparon el puesto, dejándonos con las ganas. Quizá un punto a mejorar es asegurar la capacidad de atender durante toda la sesión. De las cervezas que pudimos catar, habría mucho que agregar, pero nos limitamos a decir que todas eran de lo mejor que se puede encontrar en el panorama actual.
En conclusión, dado el innegable éxito de esta primera edición, esperamos que se asiente y se repita anualmente, ya que se perfila como la feria especializada de cerveza craft más interesante que ha tenido la capital en mucho tiempo.


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