Noticias de la Prensa Generalista (22)

En verano la prensa generalista habla mucho más sobre cerveza. Es un tema ligero y fresco, como se supone que han de ser las noticias en estas épocas. Y un pelín sensacionalistas. Por ejemplo, ¿qué pensáis si os decimos… ¡¿Podríamos quedarnos sin cerveza este verano?!?

Pues con este titular comentaban que la escasez de CO2 puede afectar a la venta de keg en los bares, cosa que ya ha debido de empezar a pasar en el Reino Unido. Bueno, siempre nos quedarán los cask y las cervezas en botella, así que no os preocupéis, que sed no pasaremos.

También nos cuentan que hay gente que se preocupa de desmontar los mitos falsos y los tópicos acerca de la cerveza. Así ahora sabemos que la cerveza no provoca gases, ni reflujos, ni malestar digestivo. ¡Pero la resaca sí, así que mantened la moderación!

Y esto es una buena noticia ya que la cerveza no es sólo un motor interno para gente como tú o como nosotros. ¡También es un motor de la economía! Y por ello no sólo te gusta a ti o a nosotros, también a Hacienda, que somos todos (o al menos, todos los que no nos escaqueamos, claro).

Baltika (Балтика) 9 Strong

El Mundial de fútbol 2018 se juega en Rusia. Como para nosotros el ver fútbol va inherentemente asociado a beber cerveza, no nos extraña que vosotros hayáis pensado lo mismo e incluso hayáis intentado buscar una cerveza rusa que beber mientras veis algún partido (para sentiros como si estuvieseis allí). Pues bien… venimos a preveniros.

Porque una de las que son más fáciles de encontrar son las Baltika (Балтика, en cirílico), que pertenecen al grupo Carlsberg. Y en concreto esta strong lager de 8% ABV en botella de medio litro o formato yonkilata está en muchos supermercados y tiendas.

Es una rubia, de burbuja fina y abundante, con espuma blanca poco persistente, muy leve. Huele a malta y galleta, caramelo y pelotazo. El sabor es empalagoso, dulzón y metálico. Con bastante presencia del alcohol y de aromas a resaca.

Vamos, que como cerveza para degustar, es una puta mierda. Como cerveza para emborracharse en el metro de San Petersburgo camino al estadio (y más si hace frío), puede tener un pase, pero nosotros pasamos. ¡Y os recomendamos pasar también!

“Mi opinión en un Tweet:” Podría pasar por pis pesado, promete pedo peligroso. Nota: Muy deficiente.

Puertas Abiertas: ¿Vendemos o despachamos?

Hoy recuperamos la sección “Puertas Abiertas” que tuvimos hace unos años para publicar un texto de nuestro amigo y lector Ariel Caballero (Profesional de turismo y juez certificado BJCP, además de aficionado a la cultura cervecera, claro está), que nos ha hecho llegar y creemos que merece ver la luz. Por ello, la reflexión de hoy queda en sus manos:

Hace unos meses, una calurosa tarde conversaba con un amigo que regenta una tienda de cervezas artesanas cuando dijo algo que se me quedó grabado en la memoria y que me apenó mucho: “Ariel, eres de los pocos clientes que tengo que me repiten cerveza”.

Esta afirmación me llevó a ir meditando profundamente durante los siguientes días para intentar desarrollar todos los sentimientos y las ideas que llevaba bullendo en mi mente. No digo que me apene por la relación con mi amigo, que es excelente, sino por las implicaciones en el concepto de cerveza artesana que tiene. ¿Acaso carecen de suficiente calidad las cervezas artesanas como para llegar al extremo de no querer repetirlas? ¿Acaso es que la elección que estilos que hacemos no consiguen cautivar al público?

Cuando hablamos con la gente del mundo de la cerveza artesana siempre salen con el pabellón bien alto sobre la calidad de la materia prima que utilizan, en detrimento de las industriales que utilizan grandes cantidades de adjuntos (y no entraremos en la estéril discusión sobre si la cerveza debe filtrarse o no). Si tan cierto es que tienen una calidad de materia prima superior, no debería ser difícil conseguir fidelizar al cliente. Pero aquí me permito recordar la excelente charla que dio Kjetil Jikium (fundador de Nogne, actualmente en Solobeer) en el marco de la 3ª Festa del Llupol (septiembre 2017) donde explicaba claramente que la diferencia entre cerveza artesana y cerveza industrial no se refiere a la calidad de las materias primas, ya que tenemos en ambos bandos cervezas realizadas con materia prima de primera y de segunda calidad. Tampoco marca la diferencia la maquinaria (que también tenemos ejemplos en los dos casos, aunque sea a distinta escala, tecnología de diseño antiguo y de último modelo) y así sucesivamente. Lo que realmente marca la diferencia entre una cerveza industrial y una artesana es el mensaje que se quiere transmitir. Y una cerveza artesana debe centrarse en transmitir su mensaje a su público de forma clara y concreta.


Medicamentos y Cerveza: Antibióticos

Estamos seguros de que todos, en alguna o varias ocasiones, nos hemos visto obligados a tomar algún antibiótico, y que el médico o el prospecto nos han desaconsejado tomar alcohol. También sabemos que si en ese periodo quedas en el bar con los colegas, hay ciertas frases que vas a oír: “Pídete una cerveza, si sólo te va a subir antes el alcohol, encima te sale barato emborracharte hoy”, “Por una cerveza tampoco te va a pasar nada, como mucho te hace menos efecto la pastilla”.

¿Dónde está el mito y donde la verdad? ¿Quién tiene razón? ¿El médico que te dice que no tomes alcohol? ¿El colega que te dice que solo reduce el efecto del antibiótico? ¿El que te dice que solo te va a afectar más el alcohol? Para responder a estas preguntas debemos darnos cuenta para empezar, que hablar de antibióticos es algo muy genérico. No todos son iguales, ni sirven para lo mismo, ni reaccionan igual ante el alcohol. El consejo de tu médico es el más acertado, mejor evitar el consumo de alcohol, ya que reacciona con la mayoría de antibióticos. Pero en el caso de la amoxicilina, el ácido clavulánico, la eritromicina y la azitromicina podemos consumir alcohol de manera moderada (y siendo realmente moderados, que nos conocemos…) sin mayor problema. Remarcamos: con moderación, porque si os pasáis pueden aparecer nauseas, vómitos y diarreas porque tanto el alcohol como el antibiótico afectan a la flora gastrointestinal, irritan la mucosa gástrica… y pueden hasta potenciar una gastritis aguda.

El colega que te dice que hoy te va a pegar el pelotazo, también puede tener razón, pero no va a ser el pelotazo que tú estás esperando. Como ya os explicamos, los antibióticos como el metronidazol y la cloromitecina reaccionan con el alcohol aumentando su toxicidad y produciendo el temido efecto antabus. Y por último, eso de que el alcohol va a reducir o eliminar el efecto del antibiótico también puede ser verdad. Esto ocurre con antibióticos como las cefalosporinas y la doxiciclina. En el caso de las cefalosporinas se reduce la eficacia debido a una acumulación del antibiótico en el cuerpo al no ser metabolizado por el hígado (que le tendríamos ocupado trabajando el alcohol), este supera su espectro de acción y deja de ser efectivo. En cambio, en el caso de la doxiciclina, pierde efectividad ya que se elimina con mayor rapidez.

En conclusión, no podemos meter todos los antibióticos en el mismo saco, en función de qué tipo de antibiótico estemos tomando, podremos o no beber y nos afectará de una manera u otra. El conocimiento es poder, así que esperamos que a partir de ahora os fijéis en que antibiótico estáis tomando y sepáis como actuar y a quien debéis escuchar, aunque os aconsejamos seguir las indicaciones de vuestro médico o farmacéutico, que son los expertos en la materia.

Birroturismo: Visita a Pilsner Urquell

El término “lager”, genéricamente, lleva unos cuantos años asociado a cervezas básicas en el sentido más peyorativo del término. Diciendo básicas, nos referimos a su uso de materias primas económicas, maximización del rendimiento y el beneficio, y la vulgarización/estandarización del producto. Pero la baja fermentación  tiene muchísimo más que ofrecernos, si sabemos disfrutar de cervezas sin tener en cuenta grandes densidades, volumen de alcohol ingente o envejecimientos en madera (y a veces también teniéndolo en cuenta). Por eso nos acercamos a Pilsen, a unos 70 km. de Praga.

Allí, en 1842, Josef Groll trajo de Alemania una nueva cepa de levadura que, tras siglos evolucionando en base a fermentaciones en cuevas a baja temperatura, había desarrollado una serie de características que la hacían especialmente limpia y estable: la levadura lager. A eso, añadió la técnica del malteado que se llevaba a cabo en Inglaterra para crear granos pálidos desde hacía pocos años, y lo remató con las aguas blandas de la ciudad, lúpulo bohemio de Saaz y una triple decocción. El resultado: Pilsner Urquell, una cerveza rubia, sutilmente caramelizada, limpia y aromática que cambió los estándares de la cerveza en el mundo. Había nacido la cerveza pilsener (o pilsner o pils).

Este año (y van tres), hemos ido a pasear por tierras bohemias, y no hemos podido evitar la clásica y necesaria visita de Birroturismo a la fábrica de Pilsner Urquell. Un lugar precioso y acogedor, más allá de las temperaturas tórridas o glaciales que puede haber dependiendo de la época del año. Tras la visita, no podemos hacer más que recomendarla, y os decimos por qué.

La visita dura 100 minutos, y consta de un recorrido estipulado con un o una guía que se puede elegir en inglés, checo, alemán o ruso. Nosotros elegimos el inglés por motivos obvios, aunque el becario había podido practicar lenguas al ir a visitar Pivovar Únětice, lugar en el que el idioma británico no era una opción y se comió estoicamente una hora de charla en checo (haciendo que sí con la cabeza todo el rato, así que no esperéis entrada sobre ella).

Fuller’s London Pride

Cuando publicamos la entrada sobre la visita de birroturismo a la fábrica de Griffin Brewery, en Chiswick, nos dimos cuenta de que no teníamos reseñada en El Jardín la cerveza cabecera de la marca Fuller’s, su orgullo y el de todo Londres. Por lo que hubo que rebuscar en las libretas de notas para encontrar su cata… ¡Y allí estaba, apuntada y jamás publicada desde hace 6 años! Como veis, bebemos mucho más de lo que publicamos…

¡Pero hoy lo vamos a solucionar! Por lo que la hemos vuelto a beber para tenerla fresca en la memoria y poder describirla mejor. El color es ámbar rojizo, profundo. Limpia, sin nada de turbidez y con poca burbuja por su baja carbonatación.

El aroma es muy carameloso y con un punto especiado (y algo de toffee). En boca tiene un equilibrio muy conseguido entre el dulzor y el amargor. Empieza siendo maltosa y cremosa, luego más amarga y acaba levemente seca, frutal y floral.

Su cuerpo y su textura son típicamente inglesas, lo que con su baja graduación (4,7% ABV) la hacen una cerveza ideal para beber en cantidad, acompañar comida (como pollo asado, por ejemplo), regar charlas, rugby o lo que haga falta. Pero ojo si eres vegano: en cask siguen usando isinglass (vejiga de pescado), así que mejor lata o botella.

“Mi opinión en un Tweet:” Para sentirse orgulloso de ser londinense (o de visitarlo como turista). Nota: Sobresaliente bajo.

The Beer Times (259)

Dominical de noticias sobre cerveza. Pulsa aquí si no te carga para leer el periódico

Ya ha llegado el verano, con el solsticio, el calor, y todos estos enlaces sobre cervezas.

Sábado Cervecero Animado (41)

Estamos en plenos Mundiales de Fútbol, y es una excusa perfecta cada cuatro años para ir a beber cerveza (como que nosotros necesitásemos excusas para eso). Además, hay una cervecera alemana que siempre hace vasos conmemorativos… ¡Y el de este año nos ha encantado!

Es, ni más ni menos, el típico vaso con forma de bota de las cerveceras germanas, pero con bota de tacos de fútbol, claro. ¡Estamos deseando pillarlo y estrenarlo! Pero hasta entonces os animamos a hacerlo vosotros, con estos gifs en los que podréis ver eclécticos resultados sobre el tema “das boot”.






Mala Gissona Höfn

De esta marca guipuzcoana no habíamos hablado en El Jardín hasta el momento, pero creemos que ha llegado el momento de hacerlo tras haber coincidido ya con ellos en varias ferias durante estos años y que nos haya gustado todo lo que hemos probado. Pero la que más hemos repetido es esta.

Una Porter con nombre de puerto (es lo que significa en islandés) y que tiene, además de una relativamente baja graduación (5,1% ABV) y mucha información en la etiqueta, que son cosas que agradecemos, un carácter sabroso y bien fuerte.

De color negro, como se espera al estilo e incluso un poco más, y espuma de color beis o hueso, compacta y de persistencia media-baja. Aromas a chocolate y malta (lleva pale, chocolate, cristal y roasted, además de copos de avena) y sabor dulce y sabroso, pero equilibrado por el amargor final. También con cacao y chocolate en boca y un poco de café.

No es una cerveza que esté diseñada para romper esquemas ni moldes. No es extrema ni usa ingredientes raros. Pero es una buena cerveza negra para beber a menudo, y esas no son mayoría entre las elaboradas en España, así que es bienvenida en nuestras neveras todo el año.

“Mi opinión en un Tweet:” ¿Mala? ¡Buena Gissona! Y buena porter, claro. Nota: Notable.