El AMCA – El evento en sí (3)

Volvamos a nuestro papel de chicos malos de la blogosfera y demos caña al AMCA, tanto por las cosas que hicieron mal como por las que no son culpa suya. Da igual. Que hubiesen puesto velas o sacado al santo para evitarlo.

Nos referimos, como no, al tiempo atmosférico, que no acompañó. Y es que gran parte de la tarde del sábado y en varios momentos del domingo, la lluvia hizo acto de presencia. La peor parte se dio el sábado, cuando los dioses del cielo decidieron que la cerveza se servía demasiado caliente y que había que echarle unos hielitos bien picados en forma de granizo. Lo curioso es que nuestro becario vino preparado con un gran chubasquero, incluso estuvimos pensando cobijarnos bajo su protector plástico, pero luego nos acordamos de lo mal que huele por fuera y decidimos que era mejor no intentar averiguar cuán cerca podíamos tenerle sin vomitar.

La verdad es que todo lo que he dicho hasta ahora es sólo la calma antes de la tempestad. El suave terciopelo del guante de acero. El sutil canto de una sirena antes de que te parta en canal. La... bueno, ya vale, os hacéis una idea. Todo lo anterior es mejorable, pero el verdadero problema con el que nos encontramos fue en lo que más nos importa: la variedad de cervezas.

La gran mayoría eran IPAs reconvertidas, cervezas peculiares, y estilos no muy bien definidos. Ya sabemos que eso no es del todo culpa de la organización, porque son las cerveceras las que elaboran su producto, pero esperábamos que se dejasen un poco de modas y cosas fáciles y se metiesen con todos los estilos que puedan. Vaya, que no se queden en exponer lo vendible, porque al final resultó que tuvimos que obligar al becario a que probara más cervezas de las que hubiéramos querido (y por probar nos referimos a que recolectase los restos que se quedaban en los sumideros de los grifos que tiraban birras que no son santas de nuestra devoción).

Y para cerrar el tema, echamos de menos que realmente no hubiese venido ningún representante de las artesanas extranjeras. Que entendemos que tendrían cosas que hacer, pero nos habíamos hecho ilusiones, incluso llevamos un rotu para que nos firmaran unas botellas... Bueno, otra vez será porque esperamos que para la siguiente edición todo esto se corrija y porque, haga lluvia o sol, la próxima vez, también estaremos allí todos los días. TODOS.

El AMCA – El evento en sí (2)

Sin embargo, no todo fueron rosas en el jardín madrileño de la cerveza artesanal, algunos aspectos quedan por pulir. Lo primero que echamos de menos nada más llegar, fueron sillas o bancos y mesas. Vale. También fue lo primero que le comentamos a la organización, y nos respondió que habían preferido no colocarlas y que la gente fluyese mejor por el recinto. El caso es que, a pesar de todo, finalmente se optó por traer unas mesitas al recinto.

Y aunque los grifos lavaban muy bien los vasos (alguno incluso con demasiada potencia) el sistema de cubos que recogía el agua no era lo más eficaz. Y pese a los esfuerzos de los voluntariosos organizadores, desbordaban o salpicaban alrededor, dejando zonas verdaderamente embarradas (tarea a la que le ayudó la ocasional lluvia, claro).

Otra de las cosas que no nos gusta es que al no tratarse de un evento exclusivamente alcohólico, se atrajo a familias. Esto está bien, porque cuanta más gente conozca el mundillo cervecero o artesano, mejor. Pero por otro lado, también hizo que hubiese demasiados niños pequeños (o puede que el problema es que fueran demasiado sobrios). Sea como fuere, los críos no dejaban de corretear, y lo que al principio era una escena bucólica, a lo largo de la tarde y la sucesión de cervezas, se iba convirtiendo en un pequeño jardín de infancia lleno de esos pequeños obstáculos móviles a los que la gente con instinto paternal llama vástagos (nosotros los llamamos simplemente enanos coñones con los que tropezar).

Otra de las pegas que acarrea la comida, fue el que al final de las jornadas, el maridaje sugerido se había convertido en un “¡embútase a la plancha todo lo que pueda!”, o lo que es lo mismo, el suave aroma choricero inundaba gran parte de la zona superponiéndose a cualquier intento por discernir el tenue olor de los frescas bebidas malteadas.

Y con esto, nuestras quejas por ahora, próximamente más, pero, ya sabéis, con ánimo de mejorar para ediciones posteriores. Ah, y de hacernos eco de las vuestras. Así que ya sabéis, para eso están los comentarios (o el email, de manera más anónima) para que nos hagáis llegar lo que queréis destacar.

De Molen Hamer & Sikkel

Otra de las cervezas que desde el Jardín del Lúpulo queríamos sacar del armario es esta. Una cerveza de esta gran marca holandesa que ya comentamos hace mogollón, cuando éramos un blog casi novato, antes de ir al Barcelona Beer Festival.

Y como dijimos entonces, nos encantan las etiquetas de esta marca: elegantes, sobrias y llenas de información: Que si, 35 EBU, 121 EBC, 13º Plato, maltas Munich, Chocolate y Brown, avena, lúpulo East Kent Goldings. 5,2% ABV. Servir a 8º C. Todo muy bien, salvo que se les a olvidado poner qué estilo es.

Bueno, pues esta cerveza comunista (su nombre significa hoz y martillo, que el orden de los factores no altera el producto) es una Porter de libro pero del copón. Negra, negra, negra. Opaca. Con espuma marrón, densa y abundante, pero que desaparece rápido.

El olor es a café y regaliz, con esas notas oleosas que me recuerdan a las olivas. El sabor es compensado, con menos cuerpo del que esperas (porque, recordemos pese a lo que visualmente parezca, no es una Stout, sino una Porter). Un sabor rico y potente, que deja un regusto en la boca excepcional. No tengo plabras suficientes para describirlo.

Y poco más queda por decir. Que me alegro de haberla abierto por fin, que si lo llego a saber lo hago antes (así que gracias por el FFda) y que ahora me toca comprar algo que rellene su hueco en el armario (bueno, en esto miento. YA he comprado otra hace poco, jejeje. Es lo que tiene saber qué cerveza es buena).

“Mi opinión en un Tweet:” Una gran cerveza para un gran evento. Nota: Sobresaliente.

El AMCA – La gente

Obviamente, lo que más nos gusta después de la cerveza en este tipo de eventos es la gente. Por encima incluso de la comida (y os juro que nos encanta comer). Y en este evento encontramos a mogollón de gente encantadora.

Nada más llegar, entre la organización, a José Ramón y a Nicolás, que nos recibieron de brazos abiertos y nos acompañaron al evento. Allí pudimos encontrar, entre los clientes a caras conocidas, como Mikel (BBF), David Homo Lupulus, Funestos y Funesta, Miguel y Verdejo, Patricia y Alberto (Gatos bebedores) y algún otro Vallisoletano (Blow y Velardes), y a cerveceros que conocíamos ya (algunos del BBF) como los de Yria, Clandestines, Naparbier o Almogaver, y los amigos de Cervezorama y Cervebel.

Y luego, claro la gente nueva que hemos conocido (o re-conocido en persona): Blogueros como los compañeros Observadores Cerveceros, Oh Cerveza o Birraire. Amigos que hacen cerveza como el Oso y el Cuervo o que se la beben como Jorge o Rafa. Y más cerveceros como los de Cibeles, Fabrica Maravillas, Bresañ, Casasola, LLuna, Sr. Bu, la Socarrada, Domus, Vaccevm o Mammooth.

A todos ellos les agradecemos haber compartido su tiempo con nosotros y esperamos verles en muchas más ocasiones. Para eventos como este o para acabar la fiesta como la acabamos esos días (un abrazo y un agradecimiento especial a los organizadores por esto en concreto, jejeje).

PD. Si se nos ha olvidado mencionar a alguien, que no se piense que nos cae mal. Somos despistados y el alcohol nos juega malas pasadas. Te queremos igualmente y esperamos volver a verte.

El AMCA – El evento en sí (1)

Como os habréis percatado, hace poco estuvimos en el AMCA. Tantas ganas teníamos y tan cerca nos pillaba, que hasta soltamos al becario. El chico agradeció bastante el aire libre, que ya olía más rancio que una cerveza contaminada saliendo de un grifo sucio.

El caso es que allí nos plantamos, con nuestros libretas de apuntar y nuestro vaso oficial. Así de primeras, el aspecto general fue muy bueno. El recinto al aire libre contaba con una agradable zona arqueada donde se ponían la mayoría de cerveceros y algunos puestos de toldo, de manera que acogía muy bien a la gente que acudió, lo que nos permitió disfrutar tranquilamente y en buena compañía de las birras seleccionadas. Y esa es otra, que de nuevo, la lista que queríamos probar era más grande de lo que nos permitía nuestro estómago e hígado.

Pero se hizo lo que se pudo, visitamos primero los puestos que sabíamos que se terminarían antes y aumentamos nuestra capacidad etílica gracias a los expositores de alimentos regionales. Personalmente (como todo en este blog) el incluir comida en estos eventos nos parece algo muy importante, no sólo por lo que acabamos de decir, sino que, por cuestión de sabores, se agradece la posibilidad que ofrecía la lista de maridaje de la guía que te daban con el vaso. Eso sí, hablamos mucho y bien de ello, pero a la hora de la verdad, estábamos tan ocupados bebiendo que apenas comimos. Pero apoyamos y consideramos una buena idea el concepto cerveza+comida.

También es muy agradable ver cómo los festivales aprenden unos de los otros. Así esta vez nos encontramos con grifos de agua para enjuagar el vaso tras cada toma (aunque también es verdad que en ocasiones fue el cielo el que se ocupó de esa tarea). Igualmente, siempre es un placer el empeño que pone la organización; verles correr de un lado para otro, atareados, pero aún así, siempre encontraban un momento para comentarte algo, o para probar contigo algún producto especialmente sabroso).

Otro acierto fue la elección del vaso: resistenete, de tamaño adecuado, bien estampado y con una forma bien bonita y curvas sugerentes en su base. Nos gustó mucho. Igual que la existencia de mercadotecnia. Pero aquí nos pasó lo mismo que con la comida: todo palabras bonitas, pero al final nos decantamos por gastarnos todo nuestro dinero en cerveza.

Yo me quedaría con muchas cosas buenas, pero sobre todo con la variedad de cervezas y con la variedad de gente. Porque, al final, lo bueno de las cervezas no es sino con quién las compartes. Esto ha quedado un poco moñas, lo admitimos, pero es por vuestro bien, es el guante de terciopelo sobre el cañón eviscerador de cruel trauma crítico que tenemos en el cuarto de atrás esperando para ser disparado… el próximo día.

Gulden Draak Vs. Vintage Ale 2011 Vs. 9000 Quadruple

Hoy la cata va a ser comparativa. Es una cosa que tenía muchas ganas de hacer… he ido posponiendo y el #FFdA me ha brindado la excusa ideal para sacarlas de la nevera. El procedimiento es sencillo: Se buscan dos (o tres o cuatro) birras de características similares o con ciertas similitudes y se enfrentan entre ellas, para apreciar mejor los matices o diferencias.

Y en este caso las afortunadas han sido los tres modelos de Gulden Draak comercializados este año. Al abrirlas y servirlas vemos que el color de la normal es casi igual que el de la Vintage, marrón caoba oscuro, mientras que la 9000 es ámbar oscuro. La espuma es más abundante en la normal, pero más oscura, esponjosa y leve en la de navidad. La Quadruple tiene la espuma más clara y suave.

En el olor, la normal es más dulce, mientras que las otras comparten un olor picante, a quemado. El alcohol se hace destacar en todas. Pero no tanto en el sabor. Aquí, la más alcohólica y dura es la normal, que aunque empieza dulce, termina más amarga y cabezona. En cambio las otras tienen sabores más suaves y delicados, la 2011, y con más matices y enmascarando muy bien la inmensa cantidad de alcohol la 9000.

Se recomiendan beber en vaso tulipa (o en su defecto en cáliz) y acompañar de algo de comer, fuerte y denso, porque tanto la Gulden Draak como la Quadruple tienen 10,5% ABV. La Vintage “sólo” tiene 7,5%.

Concluyendo, mi valoración más positiva es a la Gulden Draak 9000 Quadruple, por lo agradable al paladar y lo divertido que resulta emborracharse con ella. Después va la Gulden Draak Vintage Ale 2011, porque es más suave y fácil de beber que la normal, tanto en sabor como en alcohol. Y la última queda la versión habitual de esta cerveza del Dragón Dorado, quizá porque ya es algo superado y muy probado y un buen cervecero tiene que mirar siempre hacia adelante.

The Beer Times (5)

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Lion Stout

Los Ingleses llegaron ocuparon medio mundo con sus colonias y la Commonwealth. Y con ellos llevaron sus cervezas. Algunas sufrieron cambios en el viaje. Las Pale Ale llegaron hasta la India a base de llenarlas de lúpulo… y las stout se hicieron aún más fuertes en los países tropicales. ¿Más? Pues sí. Yo me imagino a un oficial británico del siglo pasado, con su uniforme reglamentario abotonado hasta el cuello y su sombrero, a 40 grados a la sombra y una humedad relativa del 99%. Hay que tenerlos muy bien puestos para tomarte una Stout espesa y de casi 9% ABV sin perder la compostura de “gentleman” que se le espera.

Y es que esta cerveza es una señora cerveza. Negra como el carbón cuando estas a oscuras en el fondo de una mina de mil kilómetros de profundidad. Con espuma marrón, esponjosa y abundante. Olor a maltas tostadas y chocolate negro.

Su sabor es fuerte, dulce al principio, amarga y seca después. Un poco lupulizada. Se notan menos las maltas dulces que en el olor, destacando aquí más los amargos y picantes. Densa y espesa, con mucho cuerpo.

Para beber bien fría y combatir el calor, tened cuidado que esta cerveza de Ceylon (nombre de la empresa y antiguo nombre de la colonia inglesa) esconde muy bien su 8,8% ABV. Para maridar, un consejo del mismísimo Michael Jackson: “Para hacer un postre rico, mezclar con el helado derretido, y luego congelar la mezcla. Servir con galletas de chocolate amargo.” Avisad si lo hacéis e invitadnos, por favor.

“Mi opinión en un Tweet:” Un león con carácter salvaje. Muy salvaje. Nota: Notable.